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Año 2.016, la actualidad. Muchas veces las personas habían imaginado como sería el mundo en un futuro, que novedades serían capaces de ir viendo con el tiempo y como iría evolucionando la raza humana. Muchos de ellos incluso habían pensando que con el avance de la tecnología y la ciencia y si alguna vez sería posible que los humanos fuesen algo más que eso. ¿Pero y si todo esto ya fuese una realidad? ¿Y si la ciudad por la noche tomase un aspecto diferente al habitual? Si deseas conocer más acerca de este mundo extraño y diferente no dudes en visitar la pequeña pero viva Ciudad Scarlatta.
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La cita que no es cita...

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La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Lun Oct 04, 2010 1:58 am

Capítulo XI<<

Tenía un largo repertorio de razones por las cuales había entrado al cine y salía sin haber visto la película, entre ellas podía citar el encontrar más divertido lanzarle palomitas a los amigos, el reírse de los comentarios que hacían sobre los actores o hasta el estar en plan de conquista con las muchachas de la fila de adelante o atrás pero, sin lugar a dudas, aquella era la primera vez que se perdía la función por algo como aquello.

Y como siempre, como todo lo importante en su vida, se debía a Tai.

A los cinco minutos de película notó su corazón latiendo ruidosamente y en ese momento la trama de lo que sea que veían simplemente le dejó de importar.

En una fila alta, en la sala oscura pero extrañamente vacía pese a ser viernes por la tarde, simplemente había buscado la mano de Tai y al sujetarla, éste o él mismo pues en ese momento ya no lo podría definir, comenzaron aquellos ligeros roces y el calor que subía de su palma hacía el resto de su cuerpo.

Así, la sala número ocho del cine le pareció el lugar más caluroso del mundo entero.

Y ahora que lo pensaba, ya con el aire frío del centro comercial y el ruido de la gente que estrepitosamente apareció para romper con toda intimidad, aquello era especial.
Tai era especial y no sólo le gustaba.

Gustar era una palabra que se quedaba corta puesto que él estaba realmente enamorado y daba miedo decirlo en voz alta, no porque dudara de sus sentimientos sino porque el moreno podría decirle que era absurdo con la edad que tenían o... que simplemente le quería pero, no era amor del que duraba para siempre.

Pensar en ello le hacía sonreír con cierta resignación.

El matrimonio de sus padres no había durado toda la vida, como lo prometieron al casarse, quizás cuando su padre se enterara pensaría que el andar con otro chico era un trauma nuevo de un hijo de divorciados o... alguna otra tontería que no escucharía porque él sabía lo que quería, lo que era y lo que otros dijeran, aunque pesara en el mundo no lo haría en su persona.

Estaba enamorado de Tai y por ahora sólo importaba el ir con calma.

–Y bien...

Finalmente habló, desde que las luces se encendieron y abandonaron el cine simplemente caminaron rumbo al área de comida pero en silencio, con ese ligero rastro de vergüenza que dejaban los besos más intensos y descarados en un lugar público y prohibido.

Quizás había sido la oscuridad, el que el resto del mundo parecía enfrascado en otra cosa, las hormonas y el ser adolescente... pero besos como aquellos no habían tenido antes.

Y que útil le resultaba ahora el que los brazos de los asientos pudieran levantarse, si hasta cobraba sentido el porqué eran así.

–¿Aún te parece el comer hamburguesas? –deslizó un brazo por los hombros del moreno, acercándole, y con la mano libre señaló el local con sus tonos rojo y amarillo, no había que caminar más cuando se habían detenido justo enfrente.

Frotó el hombro del otro y le sonrió ampliamente.

Iba a sacudirse esa vergüenza y también se la sacudiría a Tai porque ellos no habían hecho nada malo y no tenían que comportarse como si acabaran de aceptar un castigo mortal. Cualquier pareja de novios, por qué eso eran ¿no?, de vez en cuando se besaban en el cine y había otros que hacían hasta más.

Y si alguien los había visto, ¿qué?

No era ni sería el fin del mundo, nadie iba a morir.

–Quiero una doble con todo.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Mar Oct 05, 2010 7:18 pm

Se sentía algo incómodo mientras caminaba y observaba a los lados, a veces viendo su reflejo en un vidrial para desesperarse intentado arreglar el cabello y lo totalmente desaliñado que se veía.

Pasó una mano por sobre el hombro y luego a un costado de la espalda. …

Siempre le había parecido genial que los asientos se les pudiera mover los brazos, era muy útil; así lo había pensado cuando vio a una pequeña niña ser cuidada por su hermano. Le recordó a Hikari con él, claro que en aquel tiempo tuvo que compartir asiento con su hermana.

… Y de la espalda, la mano se pasó a la nuca, rascándola con insistente ¿incomodidad? ¿vergüenza?

–¿Aún te parece el comer hamburguesas?

Asintió al rubio y caminó al lugar.

Había acomodado su brazo junto al de Yamato, rozando las manos, sin intención. Fue ahí que comenzó a dejar de prestar atención a la pantalla: cuando iniciaba el segundo corto en adelantos de las películas que aparecerían próximamente; y pensaba que fue al inicio de la película, cuando esa limitante entre los asientos se había terminado. Después recordaba bien que cuando ¿un zombie? ¿dragón? estaba persiguiendo a una tipa, él había mirado la pantalla, dolorido, de haberse encajado el otro brazo del asiento en un costado, mientras evitaba que Yamato y él cayeran irremediablemente al piso. De ahí no volvió a recordar nada hasta que las luces se encendieran y, él tuviera que empujar a un desfajado rubio de encima de él.

Calor, tenía calor, mucho. No razonaba haber hecho lo que sea que había hecho, para dejar en aquel estado al rubio, y que el otro le hubiese dejado en igual estado a él.

–Quiero una doble con todo.

Observando de refilón el menú más por mecanismo que nada, asintió saludando de manera nerviosa al despachador, como si no hubiera querido topárselo, para después pedir lo mismo de siempre.

–Hamburguesa doble, con papas y refresco jumbo y…

Se terminaron las malteadas- el tipo se le acercó, cómplice –, pero llegó un nuevo helado vainilla/uva revuelto con trozos de cereal y jarabe de manzana/canela –. Entonces se alejó y le sonrió de manera triunfal al ver la cara de sorpresa del otro.

–¡Entonces quiero uno! – alzó la mano señalando un dedo triunfal y regresando inmediatamente a su humor de siempre. Y es que ¡él era Taichi Yagami, probador número uno de las cosas que llegaban a ese lugar sin importar lo descabelladas que sonaran! En un principio aquel tipo le había parecido raro ¿quién te ofrecía nieve de chocolate con jarabe de menta, pasas y nuez? Andaba de tan buen humor aquel día que se había dicho –¿Qué mas?– ¡Y vaya sorpresa!

Entonces al girar la cabeza se topó con el rubio, le sonrió de oreja a oreja, de esas veces en que uno está esperando a que el otro se le una en la maldad, y en lugar de seguir señalando uno, alzó otro dedo.

–¡Que sean dos!

Y tras pagar, porque había invitado él, así es como se encontraba caminando a una de las bancas, sentándose y estirado las piernas a todo su esplendor mientras se engullía unas cuatro papas y tomaba refresco al mismo tiempo.

Le gustaba ese lugar, solía frecuentarlo después del doctor, digamos que era su… premio. Y curiosamente no se había pensado que faltaría aquel día ¡Vaya coincidencia de haber terminado ahí!

Abrió el paquete de hamburguesas que le correspondía y sacó dos puños de salsa de tomate. –Te comparto –. Sabía que el otro la comía en cantidad casi exorbitante como él, así que esta vez se tomaría la molestia de compartir los paquetes extras que le daban.

Tras la excursión de pastel y… besos, se habían puesto de acuerdo en aquel viernes juntarse. El moreno había propuesto a la una, y aunque el rubio lo había tachado de flojo, no había colocado trabas. De haber tenido valor suficiente le hubiera contado que no era que se levantase tarde, sino que estaba despierto desde las ocho andando media ciudad, entraba por dos horas a un cuarto rustico empalagado de edad entre treinta y cuarenta, y cuyo cual llevaba olor a menta que siempre terminaba arrastrando hasta bañarse.

Por eso, había regresado sudado y sin aire, y cuando el rubio llegara él apenas salía de la ducha. Fue sólo su mala suerte y la mirada desaprobatoria del otro que, a falta de ropa limpia, había usado el mismo pantaloncillo corto, y que éste seguía con el olor impenetrable que le hacía picar la nariz.

–Tenía hambre – No mentía, la tenía, sólo que lo había olvidado hasta hace unos momentos. –. Jamás podrían dejar de gustarme –. Y aquello reiteraba la respuesta a la pregunta que el rubio hubiese hecho antes de entrar ahí.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Dom Oct 10, 2010 11:05 pm

Era instinto, quizás algo primitivo.

Lo primero que sintió al ver aquella complicidad entre el chico de la caja y Tai fueron celos. Un calor intenso le subió por el cuerpo y no aquel agradable que experimentara en el cine, sino uno lleno de ira que le hacía querer agarrarse a golpes con el extraño.

Y es que hasta hace unos años, no había tenido que compartir a Tai con nadie. Eran sólo ellos dos, para todo y en todo.

Contrario a eso, desde que el moreno regresó, ahora había compañeros de soccer y de clases, de otros grados y por lo visto hasta el extraño de un puesto de comida rápida que sabía de los gustos de Tai. Obviamente se sentía celoso mientras contemplaba la charla pero así como esa sensación llegó, repentinamente, otra ganó terreno enfriándole la cabeza.

Tai estaba con él.

Se estaba arriesgando por él.

Y aunque le costaba permitirse un beso, un roce de manos o algo como lo del cine, todo aquello ocurría a su lado y no con otro. Así que estaba bien, Tai tenía todo el derecho del mundo de tener amigos y gente cercana a su persona pues él no podía exigirle ser todo su mundo... aquello sería romántico, desde el plano de una película o historia rosa, pero no sano ni real.

Si lo celaba posesivamente, lo ahogaría.

Él se sentiría asfixiado si éste le hacía algo así.

-¿De verdad aquello será comestible?

Ya a la mesa se le ocurrió preguntarlo. Helado de vainilla/uva revuelto con trozos de cereal y jarabe de manzana/canela, sonaba como el antojo de una embarazada o al menos lo que se decía que alguna podría querer.

-Gracias –juntó los sobrecitos de salsa y se dedicó a abrirlos, formando una pequeña montaña-. Siempre son bien recibidos.

Hundió una papa en la salsa y la comió con gusto mientras escuchaba la declaración de Tai respecto a la comida. En realidad lo había imaginado, no muchas cosas habían cambiando en esos días.

-Uhm. Esto está realmente bueno –dio una gran mordida a la hamburguesa y la saboreó sin poder hacerse una idea de la última vez en que había comido aquello-. La verdad, no sé cómo viví sin una.

No sería exagerado decir que habían pasado alrededor de un año, quizás un poco más desde que Tai se había ido.

Recargándose en el asiento dio una mirada al lugar, comenzaba a pensar que tenían un extraño imán para los sitios sin gente. Era eso o aquel resultaba un viernes en donde toda la ciudad estaba haciendo cosas más interesantes que salir a pasear.

-Es un buen lugar...
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Dom Oct 24, 2010 7:00 pm

El brazo le dolía ¡le ardía! Pero…

Con el ojo derecho cerrado y el otro sobre la mira, aplastó el gatillo varias veces hasta que la misma pantalla que miraban parpadeó y anunció que entraban a un nuevo nivel. Sólo entonces se dio el permiso de soltar el arma y, acercándose al filillo donde se guardaba la consola del juego, tomó los refrescos, lanzó una lata al otro y, abriendo el último que quedaba, dio un sorbo enorme.

–¿Preparado para lo mejor?

Lo que había sucedido era que…

En la hamburguesería ~~

Sí, realmente lo era; aquel era un buen lugar. Ahí había roto el record de empanzadas que antes cumpliera con Yamato a los doce, ese de aquella vez que se dedicaron a comer hasta vomitar por días seguidos. ¡Pero qué tiempos!

Ahora… y con un mondadientes entre los dientes, se sobaba, literalmente, la panza mientras reposaba satisfecha y, dolorosamente los alimentos. Ahora sólo le faltaba una cosa, no estaba seguro del qué, sólo necesitaba un poco de reposo y haría trabajar su cerebro. Mientras…

–Pueden parecer raros, pero son buenos ¿verdad? –Sonrió triunfal. El rubio apenas terminaba el vaso, pero no parecía muy a disgusto con lo que comía. Había estado salvaje la comida ¡Cada vez eran más gigantes las hamburguesas!–. Por eso aquí es mi lugar secreto número… –Número… Número… ¿Qué número era? ¿Cinco? No no, el número cinco era…

Ahora caminaba por los pasillos del centro, entre batido e ido, dando trastabillones contra el otro de vez en vez y ganándose ser enviado al otro lado, se esforzaba por seguir una dirección recta. Se supone que para esos tiempos ya debía haberse inventado un nuevo sistema o de plano acostumbrarse a su férrea voluntad de seguir y de llegar, pero seguía sorprendiéndose de su capacidad de almacenaje de alimentos y, lo poco coordinado que resultaba tras ingerirlos en dosis insultantes.

–Debería comenzar a moderarme… –atinó a decir, la mano al estómago y apoyado al hombro del otro. No entendía como Yamato se había limitado y, por su bien, no lo había limitado a él cuando se parara por otra hamburguesa doble y papas jumbo.

En aquellos momentos ya se encontraban en aquel lugar secreto número cinco del que el moreno presumía, y que aunque Yamato había insistido en saber, Taichi sólo había respondido con una sonrisa, verde, pero secreta y lo había jalado hasta llegar ahí.

¿Su tarjeta?

Doblándose sobre el mostrador para no caer por el malestar, el moreno jaló de detrás su cartera y asomó una tarjeta dorada, esa que sólo se le daba a miembros exclusivos por asistencia y rompe records en los videojuegos.

–Danos cinco juegos –detuvo su frase y girando, sonrió al rubio–. ¿Zombies?

¿Cinco? –El joven al mostrador como que no quiso creérsela–. ¿Seguro? –Y no podían culparlo, generalmente nadie pasaba ese juego con menos de diez intentos, por persona, cabía destacar. – Nadie ha logrado…

–Prepara otra tarjeta especial, Jan –porque así se llamaba –, hoy se romperá otro record.

Y de regreso donde habían quedado ~~

El empansamiento se fue cuando los créditos comenzaron a correr en el juego y, el arma dio el primer tiro sobre uno de los zombies. Nadie hasta el momento, desde que esa máquina llegara hace casi un mes, había logrado terminarla con tan escasas vidas. Ahora ellos… lo lograrían.

Tai sonrió al otro, estaban en el último nivel. Ajustó el arma a su hombro y se preparó.

–Te perseguiré hasta el infierno si mueres.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Vie Oct 29, 2010 12:36 am

Recibió la lata y tras varios sorbos largos, la asentó ya vacía.

Era ahora cuando su estómago comenzaba a reprochar por algo más que refresco y se lamentó el no haber comido esa segunda ronda de hamburguesas y papás, mas si se había limitado era sencillamente porque, en aquel entonces, aún tenía el sabor del extraño helado en su boca y no terminaba por decidir si acaso le había gustado o no.

Y es que no era malo mas, no debió de enterarse de que estaba hecho...

Pero por ahora no pensaría más en eso; el juego estaba comenzando y Tai le daba un voto de confianza y un reto con tan pocas vidas. Si miraban un par de años atrás, eran un dúo increíble para los videojuegos y tenía que rescatar ese renombre ahora que el moreno ya tenía una tarjeta dorada y todo lo demás.

–Te perseguiré hasta el infierno si mueres.

Curvó los labios, con cierta satisfacción.

-¿Sí?- extendió los brazos al frente, con el arma apuntando hacia la pantalla-. Tomaré eso como una promesa.

A diferencia de otras máquinas, ese videojuego tenía diferentes clases de armamento que podían intercambiarse a medida que se atravesaban los niveles y se obtenían puntos. Así que, gracias a ello el arma que Tai eligió era ostentosa y pesada, a su gusto algo estorbosa, pero iba con la personalidad del moreno en lo que se refería a la manera de disparar y derribar todo... ¿la desventaja? El tiempo que tardaba en recargar.

Pero precisamente por ese detalle, juntos formaban un buen equipo.

-Voy por la derecha, no bloquees ese lado...

Su arma simulaba un revolver pero más actual, sólo tenía tres tiros pero se recargaba en cosa de segundos. Así que su estrategia era un ataque devastador de Tai y algo de precisión de su parte, en lo que el otro volvía a cargar.

Avanzaron a través del nivel, estaban dentro de un cementerio y habían descendido por una catacumba, le elección del moreno sería clave para vencer al enemigo final pues se suponía que era enorme y poderoso.

-Ya casi llegamos. Sólo un par más... y... –exclamó tras disparar tres en línea y volver a cargar –y...- apuntó a la cabeza de un zombi -¡Listo!- éste cayó y la fastidiosa chiquilla que les guiaba a través de los niveles, volvió a aparecer.

-C'mon! The last door is right here…

-Bla, bla, bla... –picó el brazo de Tai con el revolver -es lamentable no poder matarla también –la marca roja del puntero apareció sobre la nuca de la chica y así jaló el gatillo aunque, en esa parte del video, era imposible disparar –¿Preparado?- le devolvió la pregunta con que habían iniciado el nivel –veamos qué puede hacer...
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Mar Nov 02, 2010 10:19 pm

¡I never dead!

El malo malote se levantaba feo y… ¿malo? No iba a discutir las redundancias de su cabeza, había mejores cosas en que enfocar como…

Su personaje saltó y agarró esa caja.

–¡Venga, una vida!

Genial, ahora estaba seguro que…

–¡Oye, cuidado! –Y así su nueva vida fue utilizada, cuando inconcientemente saltó para proteger al otro de un ataque seguro–. Qué más –Ni quejarse era bueno, después de todo también era la última vida del otro.

Suspiró, medio resignado, medio cansino.

Bueno, ahora lo que debía importar era terminar el juego.

Has visto? –Unas niñas cuchicheaba cerca de ellos, parecían estar bastante emocionadas–. ¿Pero tú lo crees? ¿Ellos?

De reojo pudo observar que una de ellas los apuntaba. Regresó la vista al juego, intentando concentrarse. El malo lanzaba centenar de rayos y ataques haciendo que el ruido frente a ellos se intensificara. De repente, se detuvo, estaba al descubierto.

–Es ahora o nunca…

Colocó la bazuca al hombro.

–No sé ¿quién no ahora?

–¿Tai?

–Ya voy.

Cerró el ojo, aún había posibilidades. El malo gruñía con los tiros del rubio que le sostenía para que no se moviera.

… raros de esa escuela –Y más ruido –… pero… bien juntos ¿no?

Y apretó el gatillo, después del lado de su pantalla apareció un número grandote y rojo que comenzó en cuenta regresiva.

–Demonios…
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Dom Nov 07, 2010 9:33 pm

–¡Te debo una!

Había estado cargando el arma y como las municiones de Tai tenían que guardarse para el momento justo esa vida recién ganada, literalmente, les había salvado la vida. Sonrió ampliamente y volvió a cubrir el frente.

El enemigo se alzaba al centro de la pantalla y pese al ruido del local, la música del videojuego y los gruñidos de la criatura se escuchaban perfectamente bien.

–Es ahora o nunca…

Sin quitar los ojos de la pantalla, volvió a sonreír. Estaban a nada de ganar y de ser los primeros en hacerlo. Sin embargo...

–¿Tai?

... el moreno se había ido a la luna, y le estaba dejando solo.

Su arma podía cargarse aprisa y él podía tener buena puntería pero, y desde el comienzo había sido obvio para ambos, un revolver no vencería a Malomyotismon.

–Ya voy.

–¿Ya? ¿Cuándo?

Era el final del juego y Malomytismon estaba en su rango más poderoso aunque conservaba esos rasgos vampíricos que había tenido desde el primer nivel. Seguir a esa criatura por una serie de escenarios y misiones había sido divertido, lo repetiría con gusto, pero todo se reducía a ese momento.

–¡Tai! –Presionó al otro y aunque éste disparó la bazuca, los números rojos anunciaban un mal final –¡Rayos!

Veinte segundos para recargar la bazuca y ellos sólo tenían los tres tiros del revolver para resistir. Apuntó y disparo, Malomyotismon retrocedió pero aunque el volvió a cargar y soltó un disparo más...

–¡¡YAGAMI!!

Ni gritar valía pero estaba enfrascado en la emoción del juego que lamentó ese momento. La pantalla parpadeó en rojo y ambas armas dejaron de funcionar cuando sus personajes aparecieron de cuerpo completo en escena, siendo arrojados por los aires mientras Malomyotismon les atacaba.

De mala gana colocó el arma en su lugar y se giró hacia el otro, éste había perdido concentración o de lo contrario hubiera atacado a tiempo y la historia sería otra.

–Eso fue todo...

–GAME OVER!! GAME OVER!!

De manera bizarra, el enemigo se transformaba en un pequeño murciélago que avanzaba cubriendo toda la pantalla, mostrando los puntajes, la opción de anotar los nombres y el habitual “Try again?”

Resopló y aunque no se enfadaría por un juego, empujó por el hombro al moreno que aún no parecía terminar de caer en cuenta de lo ocurrido.

-Ya vámonos...
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Mar Nov 16, 2010 12:38 am

Sintió el empujón, pero él seguía viendo la pantalla parpadear hasta llegar a cero y terminar escuchando como una risa estruendosa tronaba burlándose.

No había faltado nada para ganar ¡NADA!

Apretó el puño contra el arma y la depositó en su lugar dándose vuelta molesto y salir de ahí.


Miró el reloj ya fuera del establecimiento, la gente había aminorado sobremanera y se acumulaba, más bien, en largas filas sobre un letrero destellante que anunciaba “Estreno Media Luna”. Algunos chiflaban escandalosamente cuando uno u otro intentaba meterse a fila, y entonces venía un oficial y terminaba rompiendo sus boletos y mandándole fuera.

Giró la vista, aún con mal sabor de boca.

Se la había pasado cómodamente toda la tarde, francamente, siquiera recordaba que ese día era viernes en particular, y que, para esas horas, generalmente él se encontraba desglosando en su mente los tantos consejos, sermones y/o comentarios que aquel anciano pudiera haberle dado por la mañana. Pero ahora…

… ahora…

Observó unos tipos pasando, hablaban sobre una película sorprendente, lo genial de los efectos especiales y lo aterrorizados que habían logrado estar cuando…

–¡Seeeeesossssss….!

Uno había estirado los brazos y caminado descordinadamente mientras ponía cara demacrada e intentaba comerse el cerebro del otro.

Bufó.

Estúpida película.

Estúpido juego.

Tenía que relajarse y ser más claro. Después de todo… Después de todo…

–¿Nos vamos?

Yamato no tenía la culpa, realmente no la tenía. Lo mejor sería olvidar ese percance, pasar por una cena, botana, quizás un par de películas y encerrarse a una noche del terror en la habitación. ¿Por qué no?

Trasculcó al bolsillo de su pantalón y sacó un par de monedas antes de revisar a la calle que el camión se acercaba.

–Podemos rentar unas películas y comprar un par de cosas ¿qué dices? Me encantaría algo como que… –Sintió la ausencia del otro cuando estaba por subir al camión–. ¿Yamato?
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Dom Nov 28, 2010 7:15 pm

Cuando el aire fresco del exterior le pegó en el rostro, sintió un ligero escalofrío pero se estiró y desentumió del buen rato que habían pasado delante de un videojuego y del ruido constante al que se habían visto sometidos en aquel lugar. Seguía gustándole hacer esa clase de cosas pero, a decir verdad, sólo por Tai.

Dudaba ahora darse una escapada sólo.

Mientras caminaban calle abajo reparó en que, como era de esperarse, en casi dos años habían cambiado un par de cosas y él se había involucrado en asuntos que dejaban de lado el salir a divertirse de esa forma. Claro que estaba la banda y eso le encantaba pero, a la vez, lo estaba contemplando como algo a futuro.... tal vez...

Aún no estaba seguro.

Y no quería decir que hubiera madurado a pasos agigantados porque aquello sería mentir, simplemente y aunque no lo diría en voz alta: sin Taichi cerca, él era un tanto seco.

Amargado, quizás sería una palabra mejor.

Volver a encontrarle y pasar tiempo a su lado le hacía pensar en todas esas verdades que, estando sólo, prefería olvidar. Ahora entendía mejor porque su padre era un adicto al trabajo. Así, éste, no tenía que pensar en nada más.

–¿Uhm?

Dudó de aquello que Tai le estaba preguntando y le observó, algo confundido, antes de alcanzar a responder. No había pretexto para negarse, no era como que tuviera hora de llegada en casa o necesidad de llegar.

–Pues –y de pronto se sintió anclado al suelo–, supongo...

No era cobarde pero aceptaba que había evitado, a toda costa, regresar a los cuartos del colegio.

–Aunque mañana trabajo y tendré que tomar dos camiones desde el colegio –todas eran evasivas, la cara de Tai le hacía notar que éste no le creía o que se estaba enfadando. Por eso cuando el autobús se detuvo, levantó las manos y las apoyó en el otro para hacerle apurarse–. Sube.

Si seguía pensándolo no haría nada, nada que no fuera a quedar como aquel que le evitaba y luego de tan buen día... La verdad es que no valía la pena terminar enfadados.

Rebuscó en su bolsillo la credencial de estudiante y el dinero para pagar, Tai se había adelantado y tuvo que buscarle entre la gente para sentarse a su lado.

–Pondré el despertador –se explicó dándole una sonrisa y palmeándole la pierna aunque no pudiera dejar la mano en ella–. Entonces, ¿qué cenaremos? También me gustaría ver esa película vieja de...
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Dom Nov 28, 2010 10:47 pm

–… ¿bolas llenas de púas? –había completado. El rubio ya llevaba rato queriendo ver esa película de los extraterrestres que llegaban a un pueblo y se comían a la gente. Critters, se llamaba, si mal no recordaba.

Pegó con fastidio la frente al vidrio. Seguía enfadado. Muy enfadado.

El autobús volvió a parar, empujándoles levemente hacia delante y luego hacia atrás, antes de que con un plashh la puerta se abriera. El murmullo de unos cuantos se escuchó mientras arrastraban pies y mochilas dirigiéndose a la parte posterior del transporte, e instalándose, algo ruidosos con bromas y chistes. Decían algo sobre mala comida, algunas películas, y deporte, parecía tenis.

Observó la calle mojada por el agua de un alcantarillado, pasaron un tope, una señal de alto y más allá de la acera estaba un enrejado que mostraba tras él un campo gris marcado con líneas, una red, y uno que otro pedazo verde de la naturaleza adornándole.

Quizás y era verdad, que esas canchas nuevas para deportistas eran geniales y que, aparte de ser gratuitas, podían verse cualquiera de los competidores de diferentes escuelas y tener encuentros amistoso…, o no.

Anotó mentalmente que debería visitarlas después, quizás con el rubio ¿por qué no?

Le miró a través del cristal.

Aún tenía una mala desazón que intentaba olvidar con esos buenos momentos. Sólo que no podía.

Pasaron sobre un bache y le zumbó el cerebro al golpearse contra la ventana.

–¡Auch!

Se quejó, la mano a la cabeza, las cejas fruncidas.

Odiaba que le pasara eso. ¿Por qué el conductor no tenía más cuidado?

–Tonta ventana.

Se tocó un poco la zona amoratada, y con un gesto al otro, que había volteado a verlo, no le dio más importancia y llevó las manos tras la cabeza, antes de desparramarse en el respaldo y cerrar los ojos.

Se sentía molesto. Molesto por lo del juego, molesto porque le molestaba, molesto porque no podía olvidarlo y también estaba molesto porque…

Una punzada le hizo fruncir más el ceño, le ardía la frente.

… había sentido que el rubio no tenía intención de acompañarle. Después de todo, Yamato no era bueno mintiendo.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Jue Dic 02, 2010 3:10 am

El enfado de Tai era palpable, podía cortarlo con un cuchillo y quizás hasta correría el riesgo de quebrar la hoja debido a la dureza del mismo.

–Justo esa.

Fue por ello que, tras la respuesta inicial, no pronunció palabra.

El vaivén del autobús solía provocarle somnolencia y, esa ocasión no fue la excepción. Para ser viernes y no tener clases, había comenzado el día desde muy temprano y justo a esa hora el cansancio le pasaba factura.

Además, el anticipado ambiente navideño le sumergía en esa sensación de estar un tanto desfasado del mundo.

Al mirar por la ventanilla ya no eran raros los locales con adornos, letreros, grandes Santas con bolsas de regalo y los anuncios de ofertas y promociones por esa época especial del año. Se preguntó entonces si tendría que regalarle algo a Tai, al chico no le gustaba la festividad pero seguramente no le haría el feo a un presente.

Lo cual le llevaba al punto siguiente: ¿qué debería regalarle?

Había por un par de cosas con las que no podía errar pero, eso no sería del todo original y menos si recordaba que ahora eran algo más que amigos. Ya que lo eran, ¿cierto?

–Parece que cada año comienzan más temprano con la decoración –y pensó en Takeru y en la razón por la que había comenzado a decorar la casa: al menor le gustaba. Y él continuaba haciéndolo aunque éste ya no pasaba navidad con su padre y él–. Me estoy tardando.

Su murmullo se ahogó con la queja de Tai.

–Oye, no te gustaría...

Le observó y al reparar en lo que había ocurrido y en la manera en que éste le restaba importancia al golpe, se tomó un momento para verlo desparramarse en el asiento y luego fruncir el ceño.

Fue entonces que giró ligeramente para tocarle la sien.

–Le pondremos algo helado –deslizó los dedos entre los cabellos del moreno y apartó la mano, haciendo de la caricia algo fugaz cuando escuchó los murmullos a no más de un asiento de distancia. No le importaba realmente pero era mejor evitar malos ratos–, no queremos que tengas un cuerno. ¿Verdad? –se rió ante la idea– no he hecho algo como para que tengas uno.

Y ante la expresión de Tai, alargó un golpe suave sobre su brazo en señal de camaradería. Simplemente bromeaba, el otro no tenía que poner esa expresión tan seria.

–Vamos, anímate. La parada ya está cerca y aún no hemos decidido que cenar.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Mar Dic 07, 2010 9:20 pm

Eran gestos, y esas sensaciones que le provocaban, lo que le molestaba. ¡Porque todo estaba bien! ¡Por un momento todo estaba bien! Pero a la mitad del segundo, todo iba mal, muy mal... Y eso le enfadaba.

Le enfadaba sentir algo que no estaba bien sentir. Que no era normal...

Le miró de soslayo cuando éste se alejó de él.

Pero... si no era normal, ¿por qué se sentía tan bien?

El camión los sacudió hacia delante y tras golpear la espalda contra el respaldo se dio cuenta que estaban a donde iban: la escuela. Así que sin más le señaló con la cabeza al otro para que se moviera y salieran por fin de ahí; la bola de ruidosos atrás le estaba molestando. ¿Sería él igual de ruidoso cuando iba con otros?

-Podríamos pasar a la cafetería o a una tienda de esas -apuntó a un lugar pequeño, pero abierto.

Quería estar seguro..., necesitaba estar seguro que...

Sabiendo que no había nadie por ahí, jaló al otro del brazo y le pegó contra la pared que formaba la barda del instituto. Ésta era de ladrillos rojos y porosos delineada con el gris del cemento entre ellos. A juzgar por lo maltratado del material, bien podía decirse que, o llevaban un buen tiempo ahí, o que bien, la naturaleza no había sido muy clemente con ellos.

-...

Tenía los brazos a ambos lados de la cabeza del rubio, éste le miraba y él también lo hacía.

¿Por qué Yamato no había podido ser una niña?

"Aunque se parece bastante."

De serlo, todo hubiera estado bien ¡perfecto! Excepto por el hecho de que quizás no hubieran sido mejores amigos y tampoco se llevarían como se llevan y...

Se inclinó entonces y unió sus labios. Sólo los unió.

Era raro... Seguía siendo raro cuando, al abrir los ojos, era el rubio quien se encontraba del otro lado. Pero aunque seguía sin encajarle la imagen...

Se separó entonces sin perderle la vista.

-Espero que vendan pasteles, se me antoja uno. ¡Y jugo de uva con frambuesa!

Esbozó una sonrisa, las manos tras la cabeza. Había regresado a su humor de antes.

... a nadie había deseado tener tanto a su lado, más que a él. Por eso, ese momento, le ayudaba a disiparse de las dudas.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Jue Dic 09, 2010 9:16 pm

Al bajar del autobús se levantó el cuello de la chaqueta y metió las manos en los bolsillos de la misma. El clima también estaba cambiando y ya comenzaban esos días en donde hacía frío desde la noche hasta media mañana. Sintió el cuerpo algo erizado, por el cambio de temperatura y el aire frío que les golpeaba de frente pero dejó escapar un jadeo, en forma de vaho, cuando Tai le empujó contra el muro y le cerró el paso.

No fue sólo la sorpresa sino el golpe contra la dura pared, lo que le hizo observar con cierta duda al moreno que sostenía su mirada con decisión.

A veces, realmente, no entendía como funcionaba la mente del chico...

–¿Tai?

... pues, como éste se encontraba visiblemente enfadado se esperaba un golpe y no un beso.

Y de verdad que no sabía en qué pensaba Tai.

Sintió el calor aglomerándose en su rostro y aturdido no atinó a responder. El gesto del moreno fue algo brusco y repentino así que cuando pensó en mover las manos para sujetarle, Tai ya estaba separándose con el desenfado de siempre.

Quiso gruñir y jalar del brazo al otro para no separarse tan pronto pero, lo consideró una causa perdida cuando éste comenzó a hablar de pasteles y jugos.

Tai se movía a su ritmo, él al propio y aparentemente aún no estaban ni cerca de coordinarse.

–Hn –soltó con los labios apretados y apresuró los pasos para darle alcance–. Prefiero algo caliente, sopa. Sí, eso estaría bien –además de que sería lo más fácil de preparar dentro de los cuartos del colegio.

Saludó al entrar y siguiendo con la mirada a Tai, negó con una leve sonrisa al verlo irse hacia los postres, galletas y demás. Así que se encaminó en sentido contrario y buscó algo que entrara más en el término de cena, reunió un par de cosas y luego esperó al otro en la caja.

No alegó nada cuando lo vio llegar con lo que seguramente consideraba un botín entre jugos y diversos pasteles.

–¿No olvidamos algo? –con un gesto mudo vio al moreno añadir unos dulces y así el cajero comenzó a cobrar.

Salieron de la tienda con dos bolsas llenas.

–Si me lo preguntas –y sabía que no–, he comido más cosas de este tipo, el día de hoy, que en todo lo que va del año.
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Re: La cita que no es cita...

Mensaje por Invitado el Lun Ene 03, 2011 12:49 am

Giró a verlo con gesto incomprensivo, mientras traía medio chocolate a la boca, y, mantenía una mano dentro de unas bolsas, como si buscara algo más.

-¿Dfrevdd?

Inmediatamente frunció las cejas y en un parpadeó, el gesto molesto se había convertido en algo iluminado.

-¡Aqqoi efta!

Volvió a dejar la bolsa y mordiendo ya por completo la barra y tragándosela de jalón, sacudió una caja, que sonó como si trajera algo roto dentro.

-¡Tenía media semana sin comer las de nuez! –Le aventó la caja al otro-. ¡Debes probar, las descubrí el otro día! –Y con otro día se refería al primer mes que llegara a ese colegio. ¿Cuánto había sido de ello? ¿Dos? ¿Seis meses? Se arrimó entonces al otro, y con la mano que traía una de las bolsas, se la pasó encima del cuello.

-Anda, abre –Sabía que al rubio le gustaban las nueces-. Te gustaran.

Tenía planeadas varias cosas esa noche: Películas de terror, mucha gaseosa y… sí, hasta la sangre le cosquilleaba de pensarlo: había conseguido ese delicioso pastel de uva y chabacano.


**Topic cerrado**
Capítulo XIII
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Re: La cita que no es cita...

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