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Año 2.016, la actualidad. Muchas veces las personas habían imaginado como sería el mundo en un futuro, que novedades serían capaces de ir viendo con el tiempo y como iría evolucionando la raza humana. Muchos de ellos incluso habían pensando que con el avance de la tecnología y la ciencia y si alguna vez sería posible que los humanos fuesen algo más que eso. ¿Pero y si todo esto ya fuese una realidad? ¿Y si la ciudad por la noche tomase un aspecto diferente al habitual? Si deseas conocer más acerca de este mundo extraño y diferente no dudes en visitar la pequeña pero viva Ciudad Scarlatta.
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Hogar, dulce hogar...

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Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Lun Mar 21, 2011 3:36 pm

Capítulo XIV <<

Si alguien le preguntaba cómo habían llegado a ello, al menos en ese preciso momento, no podría responder.

Estaba seguro de que existió un breve instante en el que estuvieron sentados en el sillón, sentados inocentemente viendo un partido, hasta que él se aburrió y atacó a Tai con un beso... un beso que éste y por primera vez, quizás debido al hecho de saber que estaban lejos de todos y en un lugar cerrado, no dudó en responder.

Habían forcejado, como si estuvieran a punto de pelear aunque fuera todo lo contrario. Al final, entre los besos y las manos de Tai, se rindió por esa única batalla y decidió que podía ser él... quien recargara la espalda en el sillón.

Seguramente la pelea se repetiría pero, cuando se sentía tanto calor ¿a quién le importaba lo que ocurriera luego?

Aquello de ser adolescente y hormonal, ahora tenía sentido para él.

Suspiró ahogadamente al tener la boca libre, echó la cabeza hacia atrás y jadeó ante el roce con el otro cuerpo, se erizó por entero y reprochó, al menos mentalmente, el ser tan blanco y lo poco discreto de ello en momentos así.

No era un cosquilleo, era una punzada clara y algo cambiando...

–Tai –exclamó con voz ahogada y, como la idea no era detenerle ni conversar, volvió a buscar otro beso mientras le imitaba. Había tenido las manos dentro de la camisa del otro, tocándole la espalda, pero se aferró a él con la zurda tomándole por el hombro y fue la diestra la que descendió hasta la entrepierna del moreno.

No habían vencido el límite de la ropa pero Tai estremeció, de la misma forma en que él lo hizo, al primer roce directo sobre la endurecida zona. ¿Qué estaban haciendo? ¿¡Qué estaban haciendo!?, seguramente retumbaba en la cabeza del chico, sí le conocía, pero la verdad es que no quería adivinarle el pensamiento ni mucho menos darle tiempo a dudar.

Mordió el labio inferior del moreno al tiempo que tiraba de la cintura del pantalón, buscando que el botón cediera con una sola mano. Sin duda debía de ser más fácil con una falda, sólo había que colarse bajo ésta...

–¡Hnmg! –gimió, apretando los labios. Tai luchaba de igual forma y parecía que ninguno quería quedarse atrás o darle el lujo al otro de adelantarse.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Lun Mar 21, 2011 9:47 pm

Lo último que recordaba era el gol del partido y la emoción de que dicho, daba a clasificar a su equipo favorito a las finales directamente. ¡Y todo gracias a Raphael!

¡A Raphael!

Gruñó sintiendo como le era mordido el labio, y escapándose del agarre se movió sintiéndose incómodo al alejarse de aquella mano, mientras se sentaba sobre las caderas del otro y se sacaba torpemente la camiseta.

Aquella tarde, fuera de haber puesto atención, dijo a todo que sí; y he ahí el resultado. Ahora que estaba comprometido, y que había caído en cuenta de haber aceptado ir a casa del rubio, no había tenido más remedio que bajar la cabeza y obedecer cuando éste pareció entender que él lo había razonado mejor y, en respuesta, le había mirado de muy mal talante. ¡Y no era que tuviera problema con ir a esa casa! ¡Si era su segundo hogar! Pero…

Yamato estaba abajo retorciéndose, y él no pudo evitar ver esas marcas en el cuello y hombros del otro, sorprendiéndose de que era él creador de dichas.

… Pero… Lo cierto era que necesitaba tiempo para pensar, por que seguía incomodándole que el otro supiera tanto. Y bueno, al final, no era tan irracional, después de todo no en vano eran, o fueron, o lo que fuera, mejores amigos. Pero…, y volviendo al pero, al pasar las horas, también había recordado algo importante: –¿Existe una razón válida para encontrarse así, señor Yagami? –Ese maldito doctor, su voz hasta le taladraba idéntica.

Apresuradamente llevó las manos a la camisa, que ya estaba más arriba que abajo, y jaló atorándola en la cabeza del rubio.

Seguía pensando que necesitaba un poco de tiempo lejos, e igual sus ánimos cambiaron recordando que no tardaría en empezar un buen partido y que si bien, no era para alarmarse, sí podía aprovecharla para atragantarse con pizza y disfrutar con su compañero aquel momento.

–Siempre dije que eras muy cabezota.

Masculló, entre frustrado y apresurado mientras jalaba y por fin lograba que se asomara una cabeza roja granate y más despeinada de lo que debía.

Y con ese tiempo de –tiempo fuera–, le había sido suficiente para que le diera un bajón rápido y asimilara que sí, en efecto estaba encima del rubio, ambos casi desnudos y, sí, que también podía sentir como el otro estaba igual de excitado que él.

Algo le golpeó su realidad que no encontraba distinguir aquella difusa ilusión, hasta que escuchó algo que llamó su atención.

–El partido termina con una sorprendente anotación y sacando del campeonato al UM que ha dejado a todo mundo con la boca literalmente abierta señoras y seño…

En automático el moreno se encontró alzando la cabeza por encima de los cabellos rubios. ¡¿El UM qué?!

Frunció el ceño.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Mar Mar 22, 2011 12:05 am

No había estado lejos de reírse ante el comentario. Claro que Tai prácticamente le estaba ahogando con la camiseta apretada al cuello, y tuvo suerte de poder deshacerse de la prenda y jadear ante las sensaciones en lugar de tener que rogar debido a la posibilidad de morir por asfixia. La verdad es que a Tai le faltaba practica, pero a él también. O, mejor dicho, tendrían que ganarla juntos..., si es que acaso alguna vez iban en la misma dirección.

Se insultó por tener ese pensamiento y derrumbarlo todo.

Y es que parecía que no, que nunca coincidirían.

–¿¡Por qué... – su pregunta se quedó a medias ante la voz lejana del comentarista.

También se vio obligado a mirar hacia el televisor, y frunció el ceño pero por razones diferentes a las de Tai. Soltó al chico, aferró la diestra al sillón y coló la rodilla hasta el costado del moreno para así empujarle fuera de SU sillón. Lo arrojó al piso, pero era penoso no poder sacarle así de su vida.

Le quería, de verdad que sí, pero en momentos así le llevaban a pensar que el otro simplemente no... no... y no...

No, a todo.

–Demonios Tai... –murmuró a disgusto, llevándose la diestra entre los cabellos para suspirar.

Ganas no le faltaban de darle un par de patadas en la cabezota pero, a contradicción de eso, simplemente se empujó hacia atrás y alcanzó a sentarse, apoyando la espalda en el brazo del mueble. Ahí estaba él, con el rostro rojo y el cuerpo sensible, con un problema visible y un enfado creciente... mientras el otro, y ya lo veía venir, estaba a punto de gritar por la repetición de la jugada que les había hecho perder el juego.

Y aunque sabía que se iba a arrepentir, le arrojó el control directo al hombro con toda la saña posible. Hubiera sido a la cabeza pero, aún no tenía intenciones de matarlo.

Aún no, pero sí que estaba sumando puntos...

¿¡Cómo demonios un partido podía ser más importante que ellos!? ¡¿Qué ellos?! ¿¡Qué él!? Tai era un idiota y él también, por esperar más de éste. Lo que sentía ni siquiera era vergüenza sino frustración, Tai era así.

Apretó los dientes mientras maldecía mentalmente.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Mar Mar 22, 2011 1:49 am

Cuando menos se diera cuenta, y era justo en aquel momento que iba a moverse para llegar al televisor, que dio el azotón contra el piso dándose un fuerte golpe en el proceso.

Rezongó, dolorido, volviendo a dirigir la vista arriba y tratar de escuchar lo último del reportaje.

–… así que la final queda entre los dos equipos menos pensados.

–Demonios Tai...

Y ahora fue que dirigió su atención al sillón. Arriba estaba Yamato, y se veía molesto.

Frunció el ceño, más si se podía, entendiendo su disgusto.

–¡¡Estoy de acuerdo!!

Soltó de repente aún sin creérsela. Se encontraba hasta ofendido. ¿UM fuera? ¡¿FUERA?!

Abrió la boca para protestar, aunque miraba la pantalla ¡no se la creía! Pero un fuerte golpe, punzante al brazo, le hizo encogerse para sobarse con fuerza. Aquello le había cimbrado hasta la punta de los dedos.

–¡Oye!

Y Yamato le fulminaba con la mirada, a tal grado que le hizo pensar que si podía, le mataría en aquel mismo momento.

–¡¿Qué te… –Silencio–. …

Giró medio la vista intentando ver de refilón qué pasaban sobre los jugadores, y después a Yamato y nuevamente al televisor mientras se debatía. Era obvio, a juzgar por lo colores y esa voz bien conocida, que el capitán del UM, Raphael, estaba dando un discurso.

Tamborileó debatiendo, y suspiró tallándose la cabeza con cierto mal humor. Aún le latía el hombro.

¿Cómo lo explicaba? Vamos… ¡si tenía que entenderlo! ¿Cómo es que no lo hacía?

Así que, por fin tomando una decisión, sólo hizo lo primero que se le ocurrió: le tomó por los tobillos y lo jaló hasta él, sin importarle que el otro tuviera que caer al piso, justo como antes lo hiciera él, y se le coló por encima para evitar que se fuera.

El otro día se lo había discutido él mismo cuando vio un comercial, que si bien no era la persona más atenta del mundo, había aceptado… a Yamato, y por lo tanto aquello llevaba… ciertos requerimientos. Sin contar que el rubio ya se lo había mencionado cientos de veces y bla bla bla. Aunque le parecía un poco frustrante que tuviera que ser justo en aquellos momentos.

–Eso me dolió ¿sabes?

A tientas, mientras el volumen de los comentaristas seguía distrayéndole, alcanzó el control y después de varios intentos logró darle off, antes de gruñir lanzándolo resentido por el golpe, y terminar dirigiendo la mirada al rubio. Él seguía abajo sin dar batalla a tregua como cuando eran pequeños y peleaban.

Sólo que ya no eran unos niños; y aunque uno seguía siendo un gruñón de primera, el otro seguía teniendo muy buena condición.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Mar Mar 22, 2011 11:51 pm

Fulminó a Tai con la mirada, tragándose lo que sentía. De verdad que ahora no quería explicarse y si pudiera levantarse sin sentir una punzante incomodidad, ya lo hubiera hecho. A veces no tenía sentido insistir y no iba a ser él quien garabateara monitos para exponerle al otro lo ocurrido.

Mientras intentaba sentarse, sin aplastarse el mal humor, no tuvo tiempo a nada pues sintió un jalón que le hizo perder lo acolchado del sillón. Apenas y tuvo oportunidad suficiente para colocar las manos sobre su nuca y protegerla así de la caía.

Sintió lágrimas en los ojos pero se olvidó de insultar cuando Tai gateó sobre él, aquello no era venganza mas le dejaba en claro que éste sí entendía el porque de todo aquello...

Y eso le llevó a agitarse, a luchar por salir de debajo del otro cuerpo y al menos sentarse para poder volver a mantener esa expresión de odio profundo que había tenido apenas segundos atrás. ¿Por qué Tai tenía que poner siempre las cosas a su propio ritmo?

No parecían en la capacidad de moverse a la par.

Obvio, quiso gruñir. A él le había dolido algo más que el golpe y para cuando sólo tuvo un brazo con el cual defenderse, lanzó un puñetazo a la mejilla de Tai.

Mas había sido suave y sólo fingido...

–Idiota –le insultó, sin sonar hiriente, girando el puño sobre el rostro ajeno–, la repetición es a las once.

Y era obvio, como siempre, que la volverían a ver.

Así que suspiró, bajó el brazo y relajó la tensión en el cuerpo. Tai era Tai y lo quería así, sólo que a veces se le dificultaba recordarlo... además, tampoco era como si creyera que él mismo era perfecto. Aunque se quejaba demasiado, sólo quería estar con el otro sin tener que vivir ocultándose o sorteando desventuras todo el tiempo.

–Ya –apartó la mirada, sabiéndose demasiado transparente–, quita de encima... –pidió empujándole por el hombro mientras esperaba que éste se moviera. La parte de la espalda que le había quedado fuera de la alfombra comenzaba a cimbrarle por lo frío del aire acondicionado, un frío que no había notado hasta ahora que comenzaba a perder calor.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Miér Mar 23, 2011 1:21 am

¿Quitar de encima?

Movió los labios como que pensando, pero sin soltarle, para luego clavarle la mirada.

–Dame una buena razón.

Si el otro quería atención… porque eso era lo que quería ¿no? Bien. Si el otro quería atención, ¿por qué ahora le mandaba lejos? De verdad que le estaba intentando entender, pero para mal, su rubio amigo, se estaba comportando como esas mentes raras e impredecibles de las niñas.

Sí, Yamato se estaba convirtiendo en una nena.

Suspiró, cansino, y negando sólo se agacho para unir sus labios.

Quizás él no sabía mucho de chicas, y tampoco chicos…, pero sabía mucho de televisión, y aunque siempre rezongaba de los momentos donde el héroe de acción se ponía cursi, era inevitable no verlo.

Y no, que quedara claro, no se estaba poniendo cursi.

Sorteó la suerte abriendo los labios mientras el otro intentaba replicar, y con calma, algo muuuucho muy raro en él, pero que sí existía gracias al “bendito” doctor, y a Yamato también ahora, le tomó por el labio inferior mordiéndole y haciéndolo sagrar.

–Te advierto que no seré el único que derrame sangre en esta guerra –se lamió el labio, y previniéndose del enfado, le tomó por la otra muñeca y se posicionó bien por dentro de sus piernas para evitar que pudiera patearlo–, y tendrás que ingeniártelas para una buena disculpa.

Porque sí, esperaba una disculpa. El hombro le dolía, y pudiera ser que fuera muy distraído y lo que quisiera, pero vamos…¡qué le había dolido!

Un agradable calor volvió a recorrerle la espalda. Se le había olvidado lo que hacían antes, y tenerlo tan cerca le provocaba ese corto circuito que hacía que las cosas se desaparecieran por arte de magia. Incluso, cuando pasaba, recordaba que le era preocupante que el rubio tuviera ese efecto en él, pero volvía a lo mismo, la línea era tan estrecha que no se daba cuenta de cruzarla.

Deslizó la lengua por lo largo del cuello hasta la coyuntura con el hombro sintiendo como la piel se hundía a su paso, y succionó regalando después unas caricias con los labios.

Como justo ahora…
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 26, 2011 1:09 am

La única buena razón que tenía era el hecho de que no quería volver a sentirse como instantes atrás: agitado, para bien, y violentamente ¿abandonado? Arrugó el entrecejo, pues sabía lo terriblemente ridículo que sonaba eso. No era un chico todo sentimiento y nunca lo había sido pero, cuando se trataba de Tai..., bien, por eso le había golpeado minutos atrás.

Y de esa acción, no se arrepentía.

–Hnng...– no podría decir si era una queja o un gemido ahogado, lo que sí era obvio fue que el beso le desarmó.

Y todo hubiera estado bien, de no ser por esa mordida. Se tocó el labio con los dedos y se frotó la zona con el dorso de la mano ¿disculparse? ¿Por qué iba él a disculparse? Quien había cortado de golpe las cosas era Tai y un golpecito en el hombro, ¡no era nada a comparación de eso!

Receloso le observó y tensó el cuerpo al sentir que Tai, traicioneramente, volvía a acomodarse. Y no iba a aceptar en voz alta, que él no se había negado a tenerle nuevamente así.

Así, tan pegado a él y respirando casi a la par.

Bufó, como si estuviera a disgusto, y se le escapó un gemido ahogado cuando sintió la caricia en el cuello y ese escalofrío que corría por su columna. Su primer impulso fue huir, tironear un poco, pero cedió al sentir que podría caerse pese a estar en pleno suelo.

Absurdo, hasta hace unos minutos había estado dispuesto a seguir.

¿Y ahora no quería?

No, no era eso. Simplemente, Tai estaba tomando el control y parte de él se removía receloso y quizás hasta temeroso de que así fuera. ¡Ah!, y es que no era igual tomar la iniciativa a que, simplemente y sin aviso, se la arrebataran.

Aunque, por otro lado...

No iba a retroceder, no cuando el moreno finalmente avanzaba hacia él.

–Aja, lo que digas –murmuró al oído de Tai, como lo único que se le ocurrió antes de atacar el lóbulo ajeno con una pequeña lamida y una mordida a traición. Mas fue suficiente para liberar un brazo y así poder llevar la diestra hacia la nuca de Tai, si se trataban de puntos débiles... ambos los tenían, y el moreno era más evidente en ello.

Sonrió cuando el chico le dedicó una mirada severa, rozó los labios de éste y no pensó al momento de rodearle con las piernas y jalar la cadera del moreno hacia él.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 26, 2011 8:40 pm

Se le había escalofriado hasta la última vértebra de la espina, que aunque se sentía ardiendo por el contacto tan comprometedor, la incomodidad le calaba en la nuca y no había podido evitar tallarse con una mano.

Si el otro quería jugar sucio…

Se empujó con una rodilla sintiéndola ceder por el peso contra la alfombra, y logrando una primera fricción. Una dolorosamente urgente fricción.

Ahogó un gemido ronco, para después abrir la boca con una respiración agitada y empujándole frente contra frente, buscar la boca del otro.

Tenía calor, demasiado calor, y podía jurar que sentía las gotitas de sudor resbalando por su espalda como si hubiera echo tanto ejercicio como cuando estuviera en una practica de entrenamiento. Y también le faltaba el aire, tanto como si hubiera corrido dos veces la cancha completa.

–Discúlpate…

Alzándose con los brazos apoyados a los costados del rubio, él volvió a repetirlo. Sus palabras no eran muy estables, pero sí claras.

–Discúlpate.

Y Yamato bajo él, estaba rojo, inquieto. Y lo cierto es que él también lo estaba. Los pantalones le estaban ahogando, literalmente, y en lo único que podía pensar era en las piernas enredadas del otro y lo mucho y nada cerca que estaba de lograr mitigar el dolor.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 26, 2011 11:46 pm

De alguna forma se había creído preparado para ello pero, no fue así. Si Tai alcanzó a ahogar la voz, él tuvo que cerrar las manos en puño y apretar la mandíbula para no soltar ese gemido delator. Tai le pedía una disculpa y gemir sería igual a hacerlo...

Obviamente, aquello no iba a pasar.

–No.

Pero, seguramente, no podría ser de otra manera.

Cuando eran niños nunca se rendían ante el otro, ninguno cedía y eso les había llevado a pasarse horas en cualquier desafío tonto que hubieran aceptado, mudamente, sin siquiera detenerse a pensar en lo que hacían.

Y tal vez, sólo tal vez, eso era lo que necesitaban ahora: no pensar.

–No lo haré –replicó con una sonrisa, jalando al otro nuevamente hacia él.

No cantaba victoria pero iba a darle batalla.

Con las piernas ancladas a la cintura de Tai, había descubierto que era más sencillo acercarse a él si le mantenía lo más estrechamente cerca que le fuera posible. Aún si el moreno forcejeaba para soltarse, estando así, serían inevitables aquellos roces y el calor que provocaban, la piel erizada y hasta la sensación de que ahora los pantalones también estorbaban.

Ya que, sí que lo hacían...

Volvió a rozar los labios ajenos, sonrió sobre éstos, y prefirió perderse en esa boca ahogando así cualquier gemido.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Dom Mar 27, 2011 1:32 am

–¡Maldita sea Yamato…!

Maldita fuera con él.

Gruñó, moviendo involuntariamente la cadera contra la otra. Ambos estaban duros y sentirlo, era inevitable.

Profundizó el beso soltando otro gemido, ahora, audiblemente bochornoso contra los otros labios.

–Eres un necio estúpido.

Flexionado contra un brazo, se levantó lo suficiente para con el otro ir directo a la entrepierna. Al principio sólo tenía la intención de mitigar el dolor, de ambos, pero cuando sus dedos palparon por primera vez aquel miembro ajeno y totalmente erecto, la sensación fue totalmente inesperada.

Apretó la mandíbula bajando la cabeza y cerrando los ojos. El vientre comenzó a punzarle de manera apremiante.

Masturbarse no era difícil, no una vez que lo hacías la primera vez. Después todo se volvía ciencia de tocar y sentir, así lo filosofaba él. Y aunque jamás imaginó que lo terminaría haciendo con algún varón más, el hecho de que fuera un él, terminaba facilitándolo. Aunque si le preguntaban, lo que él respondería sería que, no recordaba cuándo había aprendido, y tampoco recordaba cómo lo había hecho.

Hundió la mano frotando contra la tela rasposa, sus dedos a los laterales del bulto rígido tanteando por primera vez el terreno, deslizándose suavemente e impregnándose de la humedad que comenzaba a expedir la zona. Regresó la mano hacia el frente y entonces volvió a deslizarle, con más confianza, esta vez explorando la zona con más libertada. Subiendo y bajando el monte.

Por inercia su mano había tomado vida, y al tiempo en que atendía al otro, alcanzaba a rozarse algunas veces haciendo que la experiencia, que de por si parecía visualmente erótica, terminara complaciéndole más.

Terminando de jalar los pantalones, cuyos cuales no se había dado cuenta que había abierto, detuvo la mano por encima de los interiores, sin dejar de masajear, pero tampoco traspasando esa barrera.

Se agachó y le mordió los labios –Sólo dilo – Entonces le miró.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Dom Mar 27, 2011 8:26 pm

–Eres un necio estúpido.

¿Y qué si lo era?

Casi podía sonreír con satisfacción ante el halago que encontraba en el insulto del chico. Había logrado que Tai perdiera tierra, y que pese a sus reproches, siguiera ahí frotándose contra él; estaba bien ser un necio estúpido de vez en cuando, a decir verdad... si antes se había arrepentido casi nada, ahora estaba muy lejos de llegar a hacerlo.

Contuvo la necesidad de arquear la espalda cuando Tai llevó la mano hacia su entrepierna, la sensación fue electrizante y se le escapó una ligera sonrisa al reparar que había pensado que el moreno sería algo torpe, descoordinado en realidad, para ello.

Pero Tai solía estar lleno de sorpresas; y, así como éste gimió, él también lo hizo. Era tan extraño como agradable el sentir esos roces, mas con la piel erizada y el sonrojo latiendo, también le costó hablar.

–Nunca –jadeó contra los labios ajenos, devolviendo la mordida.

Lanzó una mirada hacia abajo, Tai sabía a donde, ahora que tenía las manos libres y la necesidad rebosante de devolverle el favor al otro..., simplemente agradeció que el chico tuviera los pantalones ya a la cadera y que, cuando habían estado el sillón, hubiera luchado con el botón y el cierre. Así, todo fue cuestión de colar la diestra y apretar.

Él mismo se arrancó un gemido, entre la sorpresa y el calor, y luego acarició por sobre la ropa y con suavidad la erección del moreno.

Tocar a otro hombre, debía de ser muy diferente de acariciar a una mujer...

Y aunque pensaba hablar, devolver quizás la exigencia, al encontrarse con los ojos de Tai y reparar en la forma en que se tocaban, en lo que hacían..., sintió un escalofrío en todo el cuerpo, era la realidad golpeándole y, por ello, le besó más suave y más lento que antes mientras sus dedos apartaban la tela y alcanzaban la piel.

La verdad era que Tai no sólo le gustaba, pero debía de ser muy pronto para poner algo más en palabras. Simplemente cerró los dedos en torno a la cálida erección y con la punzante sensación, de que él también necesitaba alivio, bombeó de arriba abajo sintiéndole contra su cuerpo y entre sus manos.
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Re: Hogar, dulce hogar...

Mensaje por Invitado el Dom Mar 27, 2011 9:33 pm

En un arranque, con la cabeza gacha y muy cerca de él fue fácil acercarse y morder, morder en ese hueco del hombro que se le formaba cuando lo doblaba hacia arriba y que era tan sencillo anclar el arco de los dientes.

Había sido inevitable.

Inevitable porque le ardía el cuerpo y le vibraba el vientre amenazándole con explotar y quizás, si lo pensaba aunque fuera tan sólo un poco, también llevarse aquel momento.

Se removió más que inquieto con aquellos movimientos entre que queriendo escapar, pero contrario a ello, acercándose más, incluso ayudando, mientras torpemente entonces movía la mano; esa que había seguido de manera mecánica, a veces deteniéndose por falta de una coordinación clara, pero que al final no olvidaba su misión.

Fue un llamado a su cabeza, ¿un instinto quizás? No estaba seguro, pero repentinamente se detuvo y respirando hondo se empujó haciéndose para atrás y observando como el otro encogía las piernas para hacer el trabajo más fácil.

Jamás se había acostado con nadie, tampoco se consideraba el tipo de personaje que se sentaba a ver alguna película pornográfica o revistas o eso. Pero eso no decía que no lo había hecho en alguna ocasión, o que no sabía hasta dónde se podía o no llegar. Y en aquellos momentos, él no deseaba quedarse sólo ahí.

Así que se sentó hincándose para jalarse los pantalones de una buena vez, pero hubo algo que le detuvo, una cosa cuadrada a su bolsillo derecho; y lo recordó. Deteniéndose un momento, y como si alguien le hubiera dado un golpe a la cabeza que le sacara de frecuencia, la tomó y abriéndola entonces lo vio. Se trataba un diminuto cuadrito forrado de aluminio y plástico. –Lo necesitarás -había dicho aquella vez Marco, compañero permanente del futbolito. Y llámenlo a él ignorante, porque lo era a simple verdad, ya que fue a guardarlo no tanto por el consejo, sino por la curiosidad; razón verdadera por la que se encontraba ahí.

Ahora…

Dejó de lado la cartera, y con el condón en los dedos y el cuerpo uno o dos grados más caliente si se podía, guió la mirada al otro esperando alguna respuesta. Sabía que Yamato era varón y no podía quedar embarazado, era obvio, pero… ¿no… ¿no lo necesitaban igual? Ya varias veces lo había escuchado en clases, la responsabilidad y evitar contagios y…

¡Maldita fuera! ¡Le urgía continuar con eso pero no sabía qué pasos continuar!

-… -Sintió arder sus orejas, entre avergonzado y saber lo que todo eso significaba. -¿De-…

Después fue que se escuchó: Fue un ruido sordo seguido tras otro amortiguado. Cuando ellos fueron a observar, un maletín estaba tirado al piso y…

Lo único que sintió fue un gran mareo y el azotón contra su cerebro enfriándole hasta el infierno con una vergüenza palpable.

…, el padre de Yamato parecía apunto del infarto mientras se apoyaba contra la pared sin poder evitar dejar de mirarlos.


*Topic Cerrado*
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