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Año 2.016, la actualidad. Muchas veces las personas habían imaginado como sería el mundo en un futuro, que novedades serían capaces de ir viendo con el tiempo y como iría evolucionando la raza humana. Muchos de ellos incluso habían pensando que con el avance de la tecnología y la ciencia y si alguna vez sería posible que los humanos fuesen algo más que eso. ¿Pero y si todo esto ya fuese una realidad? ¿Y si la ciudad por la noche tomase un aspecto diferente al habitual? Si deseas conocer más acerca de este mundo extraño y diferente no dudes en visitar la pequeña pero viva Ciudad Scarlatta.
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Resguardándonos de la lluvia

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Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Lun Feb 27, 2012 9:37 am


—¿Eh… Y… Y tú?—.

¿Qué podía decir ante aquello? Que daba igual, que no pasaba nada… cosa que no era verdad. El primero en coger una moto con casco era Miura y en cambio, ahora estaba ofreciéndoselo a aquel muchacho para su propia seguridad antes de velar la suya propia. Pero es que él era así, si tenía un deber era cuidar de los ciudadanos y ese joven era una de sus prioridades ahora.

—si, estoy bien—. Fue lo único que Miura djo antes de subirse a la moto y arrancarla, viendo como el joven se subía detrás. Aforrándose a su cintura y pegándose a él, lo miró por encima del hombro antes de salir de allí. En cuanto notó como se acomodó perfectamente en el asiento y se pegaba a él, salió de allí a toda prisa. Cogiendo calle abajo hasta que se paró en una bocacalle, girando en a la siguiente indicación que le hizo el muchacho mientras le indicaba con la mano. Lo cierto es que de alguna forma rezaba para que estuviesen cerca, por que no veía apenas nada en medio de esa oscuridad y no es que el foco de luz de la moto fuese de mucha ayuda. Apenas lograba ver un par de metros de distancia de ellos, mas sumándole el factor lluvia y viento, que le quitaban bastante visibilidad a la hora de manejar adecuadamente sin que se llevase a nadie por delante.

«Ya pasamos el subterráneo» pensó Miura pasándolo de largo y parando justamente donde el joven le había avisado. Apagó temporalmente el motor y lo buscó con la mirada, observando en silencio como se sacaba el casco—bueno, a sid…—. De repente Miura se calló y escuchó aquel “Ven” seguido de la siguiente frase que no se esperó para nada. de haber sido por él hubiese cogido el casco y ya se habría marchado dirección a su casa. Pero el ver aquel panorama, agua y más agua a medida que pasaban los minutos, era algo que en realidad no se le apetecía en lo más mínimo. Además, su casa se encontraba en la dirección contraria de donde vivía ese chico que se hacía llamar Naoi. Por lo que tendría que recorrer el doble de camino con el temporal que estaba haciendo.

Lentamente Miura bajó de la moto y la aparcó a un lado, donde realmente no molestase a nadie. Tras colocarle la cadena se levantó y se giró mirando al chico con una pequeña sonrisa en su rostro empapado—espero no ser una molestia, no deseara que te sintieras incomodo por mi presencia y obligado a recogerme por culpa de la tormenta—. Aclaró con sinceridad, lo que menos quería y deseaba Miura en aquel momento es que aquel joven se sintiese en deuda con él por el simple hecho de que lo había recogido y traído a su casa en moto. Lo cierto es que no le molestaba lo más mínimo el volver en moto a su casa, al menor mirándolo por el lado positivo podría levantarse a la mañana siguiente en su cama y no en un sofá, como estaba estipulado. Con cuidado entró en el vestíbulo del edificio y subió las escaleras a paso lento detrás del muchacho, viéndolo desde atrás con los cabellos chorreando al igual que sus ropas. Al bajar la mirada se dio cuenta que estaban dejando un curioso hilo de agua escaleras abajo por culpa de que estaban hechos una sopa los dos. Esperaba que nadie se cayera por su culpa—muchas gracias por dejarme el quedarme…—dijo antes de llegar al piso indicado por el joven.

Andando por el pasillo se quedó mirando el lugar, era un edificio normal y corriente, por lo que parecía al igual que donde estaba viviendo en la actualidad el agente del gobierno. En cuanto llegaron a la puerta Miura se paró a su lado y se quedó esperando a ver si sacaba las llaves. No iba a meterle prisas, no solía ser esa clase de personas y dudaba mucho que lo fuera a hacer algún día. Normalmente siempre solía ser calmado y calculado en su trabajo, mientras que en su vida cotidiana era un poco diferente. Le gustaba soltarse un poco y no se tan rígido—¿y vives solo aquí?—preguntó Miura con un poco de curiosidad, el que le hubiese pedido que se quedase allí tan abiertamente significaban dos cosas; que vivía solo en ese departamento o que por el contrario, si lo hacía acompañado la persona en cuestión no le importaba que aquel muchacho llevase personas a su casa.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Mar Feb 28, 2012 1:42 pm

Al parecer iban por buen camino, sonrio un poco antes de volver a alzar su mano contra el viento, sintiendo las frías gotas en la cálida piel de su extremidad. Habían ciertas cosas que le llamaban la atención, y no había crecido demasiado en ese aspecto. Las cosas más pequeñas, mas imperceptibles, menos llamativas, como en ese caso lo era la sensación de esos naturales elementos.
Le podrían llamar crío, o lo que fuese. Pero ellos no parecían ver lo que se escondía detrás de esas simples cosas. Había aprendido a detenerse y contemplar, no por obligación, si no más bien por un natural deseo.

¿Quizás por eso no congeniaba con ellos?

Contempló su mano sin ya el deje de curiosidad. Más bien tristeza, bajandola para resguardar ambas de la lluvia juntando ambas en la espalda de Takashi, manteniendo allí su rostro, sumido.
¿Porque habría nacido como humano?... Nunca se había sentido uno, en realidad. Tenía lazos demasiado fuertes con cosas lejanas a su raza. La naturaleza era extraña, aunque sabía que en el fondo todo tenía una razón de ser.

Bajo de la moto y le contemplo allí, pero sin esperar una respuesta. Le presionaría si no quería. No podía dejarle andar por allí con ese temporal afuera, estaba expuesto a un accidente y claro, si podía prevenirlo era mejor. Además de eso, si no se secaba terminaría resfriado...

Negó de inmediato con el rostro. -No me molestarías para nada- Inició el paso, sintiendo ya bajo techo como su cuerpo goteaba a mares. Era cierto, y en parte, la compañía de seguro no le haría mal.
Trato de no perder el equilibrio mientras subía, sus zapatillas no eran demasiado buenas cuando se traba de escaleras y agua, alzo su brazo para sujetarse de la baranda, mirandole a su lado para soltar una ligera risa ante el aspecto de ambos.
Parecían un par de gatos mojados... Y... hablando de gatos... Rai.
Su mascota nunca había estado en presencia de alguien mas que no fuese él, y en realidad, parecía sumamente contento con eso. Le sorprendía la falta de curiosidad del felino, y se había preguntado muchas veces que clase de obsceción tenía. Porque claro, ahuyentaba a sus pares y ni rastro de algun tipo de ''love affair'' con la gatita del frente.

...¿En que diablos estaba pensando?

Sonrio soltando un suspiro, sacando las llaves del bolsillo de su abrigo y abriendo la puerta, empujandola suavemente para dejarle pasar, entrando tras él. -Vivo con él- Mencionó esbozando una sonrisa, señalando con su dedo a el negro ejemplar de gato casero que se mantenía sentado sobre la mesa de té, en el living.
De solo notar su mirada podía compararle con una esposa reprochando a su marido porque llegó tarde. Después de esa despectiva indirecta, los azules ojos del animal divagaron hacia Takashi.
...Y que decir que la mirada otorgada a Naoi parecía amigable en comparación con la cual trataba al desconocido. El susodicho soltó una risa nerviosa antes de quitarse el abrio y acercandose al gato, pasando sus dedos por su pelaje distraido, esbozando una sonrisa y quitando su mojada extremidad antes de que este le mordiera o algo parecido. -Es un poco... Bueno, bastante agresivo a veces- Sujeto su chaqueta entre los brazos y camino hacia el balcón, empujando la ventana de paso. No caía el agua allí, al estar techado, colgó la prenda y giro despacio para mirarle. -Takashi-san, ¿Puedes pasarme tu chaqueta? Creo que sería mejor colgarla aquí- Sonrio, y se quitó el jersey, colgandolo tambien, quedando solo con una polera color púrpura, completamente empapada también. Se quito las botas y entro nuevamente, dando ligeros pasos ya sin ese calzado. Se veía mucho menor de esa forma, la altura podía influenciar bastante en la percepción de la edad.

Estiró los brazos para sostener la ropa que le entregaba. -Puedo...puedo prestarte algo, tengo un poco de ropa más grande...- Pensó un poco antes de ofrecerle, la última ves que compró algo grande era para andar cómodo en la casa, de seguro le quedarían bien esos pantalones de deporte.




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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Miér Feb 29, 2012 1:41 pm


—Solo quiero que te quede claro, solamente eso—. Repitió Miura dirigiéndole una neutral mirada, observando en como subía las escalaras hasta que finalmente estuvieron frente a la puerta del piso.

Entrando en la casa Miura se quedó en la puerta y observó como el joven estaba dejando un pequeño rastro de agua debajo de sus pies. Con cuidado se sacó las botas aun en la entrada y las medias, dejándolo a un lado, mientras que se quitaba la chaqueta. Dejándola reposando en su brazo temporalmente. En silencio entró en la casa y se quedó mirando el pequeño, pero acogedor salón donde seguramente aquel joven solía habitar la mayor parte del tiempo en sus horas libres. En cuanto el joven mencionó aquello de “Vivo con él” los ojos de Miura fueron a parar a un gatuno oscuro que estaba sentado encima de una pequeña mesa. Sin mencionar nada se acercó, no perdiendo detalle alguno como los ojos del gato lo miraba fijamente después de haberle dirigido una acogedora a su dueño. Aunque no era a lo que no estuviese acostumbrado, por una extraña razón siempre y cada uno de los animales -especialmente los felinos- no encontraban al policía precisamente acogedor. La mayoría siempre sacaban sus dientes y huían, pero parecía ser que ese gato que se encontraba sentado sobre la mesa de té iba a ser la excepción.

El ves como se quitaba la chaqueta y se acercaba al felino fue cuestión de segundos, le pareció extraño el verlo apartar la mano de su animal con esa extrema rapidez. Sin embargo, no dijo nada. tan solo se limitó a sonreír levemente mientras se acercaba un poco más hacia el interior del salón y notó, como el felino se ponía de pie encima de la mesa—normalmente he escuchado decir que los gatos son ariscos con los extraños, pero no con sus dueños—. Dijo Miura sin apartar la mirada en ningún momento, solamente cuando el joven se alejó de la mesa de té y se encaminó hacia el barcón, abriendo la vidriera a su paso. En silencio observó como colgaba su chaqueta en la fina cuerda que estaba atada en cada extremo de la pared—claro…—. Dijo Miura acercándose hasta él y le tendió su chaqueta, viéndola a los pocos segundos después tendida gracias a unas pinzas—aunque dudo mucho que se vaya a secar adecuadamente durante la noche, el ambiente esta demasiado húmedo y cargado—. Le recordó con una agradable sonrisa su en su empapado rostro. Luego Miura salió de la terraza y bajó la barbilla, no pudiendo evitar fijarse como estaba poniéndole el suelo por su culpa.

—Deberías ir a cambiarte de ropa, no me molesta lo más mínimo el esperarte—. Mencionó Miura aun quieto en el mismo lugar por que no deseaba empaparle aun más la casa con sus pisada. Además de eso era bastante incomodo el andar andando con la ropa pegada al cuerpo, sintiendo como cada prenda se pegaba al cuerpo y le hacía removerse molesto. Con lentitud cogió con sus dedos el jersey negro que tenía puesto y se lo sacó, justamente después de haber dejando las lentes un momento encima de la pequeña mesita -aunque eso si, con un poco de recelo no fuera a darle al felino por jugar con ellas como si fuese una pelota de lana- y lo colgó a continuación en la cuerda para que se secara dentro de lo que cabía. Ahora que no llevaba el jersey sintió un ligero escalofrío por andar con el pecho al aire libre, pero igualmente supo mantenerse a raya. En momentos de extrema necesidad aquello era mucho mejor que estar en mitad de la nieve o del desierto, cumpliendo una misión con los demás compañeros.

—Claro, acepto esas ropas—. Miura no pudo evitar dirigirle una confundida mirada puesto aquel joven era mucho más delgado que él y de estatura, ahora que no llevaba puesto el calzado se daba cuenta de que era aun un poco más bajo de lo que parecía. Si antes pensaba que tenía unos diecisiete o dieciocho años, pero ahora le echaba incluso hasta dieseis. Claro, ese pensamiento se lo callaría.

—¿Qué es ropa de tu novio tal vez?—. Preguntó Miura con algo de curiosidad, no pudo evitar el pensar aquello puesto para su parecer aquel muchacho de cabellos claros y pelo largo, eran bien parecidos. Al menos para su parecer. Aunque claro, eso fue una ligera idea que se le vino por la cabeza a la que no le prestó demasiada atención y lo sabía. No podía el permitirse el fijarse en nadie, por ese mismo hecho no estaba con nadie y apenas veía a una persona muy seguido, para que las cosas no se malinterpretaran.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Miér Feb 29, 2012 5:59 pm

Su hogar era cálido, a pesar de vivir solo. Había algo en ese ambiente que entregaba vida, a pesar de estar algo desordenado, percibiendo esto cuando ya estaba colgando sus cosas. Sonrió con un poco de verguenza, notando los cuadernos por la mesa, su portátil, el celular que había olvidado antes de ir al instituto y los lápices que amenazaban con caer de el soporte, para unirse a los que ya estaban en la mullida alfombra color crema. -Disculpa el desorden... No tengo muchas visitas- Esbozó una sonrisa, y en parte tenía razón. Omitiendo el hecho de que claro, Takashi era la primera persona que llevaba allí exceptuando el veterinario.
Veterinario que pagó para Rai, y este se encargó de hacer que desapareciera en un santiamén con su agresiva personalidad. Gato raro, solo estaba preocupado...

-Uhn... Él es raro, cuando llego tarde, o huelo a algo diferente se pone igual a una mujer celosa... -Comentó soltando una suave risa mientras miraba a su mascota. El felino saltó de la mesa, y balanceo su cola elegante para caminar con ese porte orgulloso a su habitación. Y tampoco era como si supiera mucho sobre mujeres celosas, conocimiento a base de televisión en particular.
Después de colocarse en puntas, le contempló y se agachó un poco, subiendose el jeans de la pierna derecha y mostrandole un par de rasguños y lo que parecía ser la marca de una mordida, no demaciado fuertes pero si lo suficiente como para que despues de un día siguiesen recuperandose... Fuera de eso, su salud no era la mejor cosa del mundo, y eso involucraba la cicatrización. -Fue ayer, me mordió la pierna, creo que fue... porque me paré a hacerle cariño al gato de la vecina- Soltó una suave risa. Había sido casi ridículo, practicamente salió corriendo de su gato, pero le alcanzó y se redimió a la paliza. -Creo que es un poco dominante- Añadió, apretando un poco su chaqueta con sus manos para que el agua escurriera con más facilidad.

El viento chocó contra su espalda, añadiendo el hecho de que estaba descalzo. Le recorrió un escalofríos y volvió a entrar, tocando suavemente su espalda para que entrara. -Obvio que las aceptarás- Mencionó con un demandante tono en broma, riendo suavemente. -No quiero ser culpable de que te mueras de pulmonía o algo así...- Añadió con el mismo humor, acto seguido agito sus cabellos un poco, quitandoles la humedad o tratando de hacerlo. Alzó sus orbes para contemplarle mientras preguntaba eso y de cierta forma no supo como reaccionar.
Sintió que los colores querían amontonarse en sus mejillas, pero en realidad, casi nunca le sucedía. Negó un poco sonriendo ¿Porque novio?...

-¿Tengo...tengo cara de tener novio más que novia?- Soltó una risa, no se lo había tomado para mal, pero era una de las cosas que preguntaban sus alumnos también. Y en cierta forma le agradaba que le vieran como alguien en ese tipo de relaciones, ¿Se veía como una persona de mucha vida social?. El hecho de que en realidad fuese todo lo contrario le desconcertaba, y por eso se planteaba ese tipo de preguntas.

-Bueno...iré a buscar la ropa de mi ''Novio'' para prestartela- Le esbozó una ladina sonrisa mientras avanzaba, ironizando con sutileza, riendo luego tras negar con el rostro, empujando la puerta de su habitación para tomar una polera de las grandes, junto con el pantalón. Aprovechó tambien de buscarse algo, saliendo tras unos segundos con ese lijero paso, entregandole las prendas. -Allí está el baño- Le señalo con la mano, por cortesía. Tampoco iba a hacer que se cambiara en medio de la estacia. Tratar con gente no era lo suyo pero así tampoco perdía las cosas básicas.
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Jue Mar 01, 2012 8:50 am


—No importa, es algo en lo que me fijo mucho en realidad—. Comentó Miura con tranquilidad echando un vistazo al lugar, fijándose que a pesar de que no vivía entre esas tres cuatro paredes una mujer el lugar era habitable. Mucho más que su propio hogar. Lo que sus ojos fueron capaz de captar es que era acogedor, bastante adecuado y cómodo para no darse cuenta de que estaba decorado con cariño. Le gusto—parece bastante cómodo y acogedor, me gusta este lugar—. Dijo Miura con tranquilidad y sin ninguna mala intención, mucho menos el hacerlo sentirlo mal, pero no creía que aquel comentario no fuera mal recibido en realidad—pues no entiendo por qué no ibas a tener visitas, se me hacer extraño de que sea así—. Con calma lo contempló de arriba abajo, viéndolo totalmente empapado por la lluvia como se encontraba él mismo. A su parecer y por lo poco que había llegado a ver le pareció un chico tierno y entrañable, de esos que entraban ganas de mantenerlos entre los brazos de uno mismo y protegerlo, cuidarlo de todos los males de este mundo.

Miura sin haberlo podido evitarlo se giró un poco y buscó con la mirada al gato, el cual pegó un saltó de la mesa al suelo y se fue caminando con ese espléndido talante hasta perderse—ya lo veo, debes tener cuidado o se pondrá celoso por que traes a casa extraños—. Bromeó Miura con un curioso tono de burla y luego volvió a dirigirse hacía aquel muchacho, viendo como de agachaba un poco y se subía el jeans, viendo en su pierna una pequeña herida producida por los diminutos, pero afilados colmillos del gato—ya veo que es una “Mujer“ celosa, ten cuidado o la próxima vez será mucho peor—. Mofó divertido al imaginarse tal situación entre su gato y su amo, como el pequeño joven trataba de escapar del animal y salía corriendo, justamente después de que lo hubiese mordido—espero que no vaya a ponerse celoso por que me hayas dejado entrar y luego vayas a recibir una reprimenda por mi culpa. No querría causarte problemas con tu “Esposa“—.

—¿Entonces no me queda más alternativa más que aceptarlas? Yo que planeaba rechazarlas en el fondo—. Sonrió levemente sintiendo esa pequeña palmada en su espalda y lo vio entrar, siguiéndole detrás cerrando el mismo la cristalera y dándose cuenta como había actuado ante su ultima pregunta.

«¿Acaso me equivocado en mi conclusión?» se cuestionó Miura mirándolo ahora fijamente, quieto en el mismo lugar para no mojar aun más el piso. A lo mejor se había equivocado, seguramente era eso y por eso mismo, aunque parecía que no estaba con nadie era en realidad heterosexual. No es que predominaran precisamente las féminas en este lugar, pero alguna debía de haber para los jóvenes heteros que aun vivían en este lugar—¿Ah? Vaya, lo lamento mucho pensé que también te gustaban los hombres. Disculpa y gracias por sacarme de mi error, lamento mucho la confusión y el haber metido la pata de dicha forma—. Rápidamente Miura se disculpó con una pequeña sonrisa en su rostro y lo dejó que se alejara, parpadeando aun debido a su ultimo comentario antes de irse a buscar una muda de ropa limpia. Se maldijo por su torpeza, por aquella falta de tacto a aquel tema relacionado con la inclinación sexual de cada persona.

«Debo de dejar de meter la pata de esta forma» soltó un ligero suspiró «No todo el mundo es “Homosexual“ como tu chaval» se volvió a maldecir sin decir nada más hasta el ultimo momento en el cual el joven volvió a entrar en el salón con las prendas y se la tendió. Miura las cogió encantado y sonrió, sintiéndose como un completo estúpido en aquel instante y observando como señalaba el baño, se quedo mirando la puerta.

—No me importa esperar a que te cambies primero, estoy bastante acostumbrado a mojarme en realidad—. Le comunicó con una agradable sonrisa con las prendas en la mano y luego movió ligeramente el rostro, sacudiéndolo haciendo que varias gotas cayeran al suelo. Sin decir nada más y no volver a preguntarle paso por el lado del joven y cruzó el pequeño salón, alcanzando a los pocos segundos el baño para cerrar la puerta tras de si. Con cuidado dejo las ropas sobre el bidet y se desabrochó la correa, luego el botón del pantalón y se los bajó con un poco de trabajo puesto se le pegaba a las piernas. Dejándolo sobre la pila. Ahora que cogía los jeans se daba cuenta de que estaban como si los hubiese metido en un cubo con agua, y la tela hubiese absorbido todo el contenido hasta que se hubiese evaporado. En silencio Miura se dio cuenta en aquel justo momento de que faltaba algo, si se ponía las ropas en el estado en el que se encontraba, acabaría mojando parte de las vestimentas que le habían sido prestadas, por lo que trató de poner alguna solución a ese inesperado problema. Pero no lo encontró. Miró las ropas secas y luego se giró, abriendo un poco la puerta.

—Disculpa… ¡¿Podrías traerme una toalla o indicarme si en el baño hay alguna?—podía haber buscado por su cuenta en el pequeño armario que se hallaba en el cuarto de baño, pero prefirió no hacerlo puesto no quería y mucho menos deseaba inspeccionar sus cosas sin su permiso—veo la que sirve para secarse las manos, pero creo que esa no me sirve—. Soltó una ligera risa, pero procuró que el menor no se enterara.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Jue Mar 01, 2012 7:50 pm

En realidad, nunca le había dedicado mucho tiempo a su hogar. Sólo había comprado las cosas nesesarias al momento de adquirirlo y posteriormente, solía encontrar cosas que le llamaban la atención. Terminaba adquiriendolas y llevandolas a su vivienda. -Oh... ¡Gracias!-
Su gato parecía profundamente comodo. El sofá y la mullida alfombra solían ser sus lugares favoritos, incluyendo claro, la habitación de Naoi. A la cual solía frecuentar para dormir en vez de usar su cama la cual se encontraba junto a la de su amo. Naoi incluso se había dado el tiempo de colocarle su nombre allí, ''Rai'' con letras de colores.

Ese tipo de cosas ocurrian cuando... 1. Eras un freak por tu mascota, o bien 2. Estabas solo.
Siempre pensó, y era obvio, en la segunda. Claro que no podía quitar a su mascota del camino, le quería a pesar de su extraña personalidad que se asemejaba más a la de un humano que a la de un gato... Por cierto... ¿Donde estaba?

Le notó marcharse con ese porte altivo y soltó una suave risa.

Estaba solo, tenía tiempo (Quizás no tanto como antes), y una extraña facinación por las manualidades. Sonaba extraño, claro, pero no eran simples manualidades como seguir un libro con instrucciones, o un patron de movimientos. Eran cosas más espontaneas y libres... -Rai es un niño- Salió de sus divagaciones para responderle con un ligero mohin de molestia fingido, riendo posteriormente. Y claro, parecía macho. Y no tenía solo que fijarse allí abajo para saberlo, su manera de caminar, las miradas, y esa humana personalidad parecían gritar que era uno de esos machos alfas... Un macho alfa viviendo con su amo, claro.
-Tratará de hacerme algo luego, ya verás- Susurró escéptico, con una sonrisa divertida en su pálido rostro.

Le escuchó con curiosidad y cierta diversión. Era bastante formal con su trato, y de hecho, su comentario no le había molestado para nada. Con solo ir al instituto estaba en precencia de las inclinaciones de la mayor parte de la gente. No era que no le gustasen los hombres, o así también las mujeres. En realidad no lo sabía.
Nunca se había enamorado de nadie, y no por la falta de interés en conocer gente. Nunca se le dió la posibilidad en el pasado, la de vivir como alguien normal. Y por eso había perdido cualquier indicio de sus inclinaciones... Además, ya tenía 24... ¿Se iba a terminar enamorando como una adolescente?. En parte no lo creía. Aunque no sabía hasta que punto las emociones o mente cambiaban debido a ese tan llamado sentimiento.

¿Sería con él lo mismo?

-Bah, en realidad no se... Pero no metiste la pata, no digas eso- Rio sutilmente, cerrando el ventanal con seguro para que el viento no entrase. Allí dentro estaba bastante cálido, a pesar de que estar completamente mojado seguía causandole esos incómodos escalofríos a lo largo de su espina, erizandole los cabellos.
Se abrazó a si mismo, y le vió dirigirse al baño, asintiendo para ir hacia su habitación y quitarse la ropa.
Amaba el agua pero era incómodo estar con la ropa pegada al cuerpo tanto tiempo. Se quitó la polera y tomó una toalla que había dejado en su cama, se secó un poco colocandose la otra y de inmediato se quito los pantalones... Hasta que claro, recordó un pequeño detalle. -U..ups..- Rió saliendo de la habitación para dirigirse al baño donde Takeshi le llamaba, apresurando el paso pero cuidando de no resbalar con el agua. Había batido el record de no hacer el ridículo frente a un extraño y no lo iba a soltar tan rápido.

-¡Disculpa! Lo olvidé... Ehm.. -Entró y se agachó hacia uno de los armarios de allí, sacando una toalla de cuerpo grande, volteandose hacia el y entregandosela doblada. Le fue inevitable vislumbrar su físico, pero no fue indiscreto. Más bien natural. Tras esto le entrego una sonrisa, y se largó cerrando la puerta tras de si y abriendo los ojos algo pasmado, bajando la mirada y tocandose el abdomen con cierto recelo. ¿Como tenía eso?...

Woah...

Tras unos segundos de indagación, volvió. Terminando de quitarse el agua para colocarse el short, saliendo con la toalla en el cabello y agachandose para secar el suelo mojado. No es que le molestara como a una mujer neurótica, es solo que si iban por ahí descalsos, terminarían igual de mojados... Ah, y claro. Podía resbalarse. Y no lo decía por Takashi especialmente, el no parecía del tipo... ''Naoi''.


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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Vie Mar 02, 2012 3:25 pm


Un Niño. Así caracterizaba aquel joven a su gato, debía admitir que le causo cierta gracia, el que se dirigiera a éste como si fuese un humano. No obstante, era cierto, había perros o gatos que se comportaban como tal, pareciendo una persona por sus propios actos en si—espero que no sea así, no desearía causar una riña entre amo y mascota. Me sentiría muy mal por ello y que unos “Enamorados” pelearan. Bromeó divertido Miura, siguiendo con aquel pequeño chiste de que su gato era como una mujer celosa y posesiva, como había conocido en el trabajo y luego en bares, cuando sus acompañantes le contaban curiosas historias de sus esposas.

«¿Cómo qué no sabe?» pensó Miura mirándolo un tanto sorprendido por su respuesta. «Eso se tiene que saber, ¿O acaso jamás estuvo con alguien?» fue descartando alternativas y posibilidades en silencio, no llegando a formular ningún pensamiento en voz alta puesto pensaba que eso realmente no era de su incumbencia. Y si así era, lo dejaría solamente aparcado para no molestar o abochornar al joven si llegara a ser verdad.

Desde el baño se quedó esperando, quieto junto a la puerta del cuarto de baño y sintiendo aun la humedad en su cuerpo. La constante molestia de sentir como las continuas gotas caían en su cuerpo, resbalando en todo momento por su moldeable cuerpo hasta que bien se topaban con la prenda que aun tapaba sus partes nobles o simplemente continuaban su camino por sus fuertes muslos hasta que acababan depositándose en el mojado suelo. Con lentitud dirigió un rápido vistazo al suelo y lo vio totalmente mojado bajo sus pies, siguiéndole de paso un resto camino de pisadas por todo el baño. «Debo secarlo en cuanto termine, encima de que me deja quedarme y pasar la noche, además de prestarme una muda de ropa limpia, acabo de dejarle el baño perdido de agua» se propuso Miura hacer como una muestra de esa amabilidad que estaba percibiendo por parte de aquel joven, deseaba que viera cuan agradecido se encontraba en aquel momento.

Miura con cuidado lo dejo pasar, no importándole mucho el que entrara y lo viese en ropa interior, aunque esta estuviese totalmente empapada y adherida a su cuerpo, como si fuese una fina capa de su piel. Lentamente lo dejó pasar echándose a un lado y se le quedó mirando, contemplando como se dirigía hacia el armario y después de unos segundos, le tendía una toalla con sus pequeñas manos—no te preocupes, es algo que se pudo solucionar en el momento—. Dijo Miura con una diminuta en sus labios y cogió la toalla, percatándose cómo le había dedicado una sonrisa y acto seguido salió. No era muy difícil el que no darse cuenta de que lo había mirado, no obstante, no comentó nada por el mero hecho de no incomodarlo. Pero de haber sido algún ligue o algo, ya hubiera empezado a atacar con sus famosas tácticas en las cuales siempre había salido victorioso gracias a su descarado y frescura en si.

Pero ese no era el caso, esa no era la razón por la que se encontraba ahí…

Justamente después de haber cerrado la puerta se sacó los boxers y los dejó reposando encima de la pila, comenzando a secarse el cuerpo con la toalla. Tras unos minutos y haber notado que se encontraba totalmente seco, al menos de cuerpo, se colocó los pantalones y luego la polera que le había sido prestada. Sin poder evitarlo echó un veloz vistazo al espejo y se vio reflejado en el, con unas ropas que no eran suyas—que extraño me veo—. Pensó Miura en voz alta para si mismo en realidad y se giró, recogiendo el resto de sus ropas y salió del baño, dirigiéndose luego a paso apresurado por el pasillo hasta el salón y ya ahí se topó con la silueta del muchacho. Ahora secando el suelo agachado—¿Quieres que te eche una mano con eso?—. Preguntó acercándose hasta el aun con las ropas en las manos y pasó de largo, abriendo la cristales del ventanal. En cuanto se encontró frente a las cuerdas termino de colgar el resto de sus prendas; pantalón y boxers. Luego entró nuevamente en la estancia y agachando su barbilla, lo vio aun de rodillas en el suelo secando el resto de la humedad de sus pisadas—o también si lo deseas puedo encargarme de cualquier otra cosa, como por ejemplo preparar alguna cena decente. Sonrió levemente y se quedó en el suelo en cuclillas—pero no pidas milagros, por que no soy nada bueno haciendo de cocinero. Pero por intentarlo que no quede—.

Normalmente no era un experto cocinero, de hecho solamente sabía hacer en la cocina sin llegar a incendiarla. Quizás algo de pasta y ensaladas, eran sus especialidad mas aun el hacer una especie de aliño con patatas.

—¿Tienes pasta?—

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 03, 2012 10:09 am

Ya tenía 24 y no tenia idea de que le gustaba. Ponerse pensarlo de esa manera le causo una extraña sensación de incomodidad. No eran de las cosas que él pensaba muy seguido, más bien... Nunca le había dedicado tiempo a analizar sus inclinaciones. El solo esperaba que algun día sucediera, pero hasta el momento tan solo se quedaba quieto, observando su alrededor.
Sus alumnos le contaban de todo, y de todo quería decir TODO. A pesar de esto no solía soltar más palabras y se las ingeniaba para reír y evadir las preguntas que llegaban a sus oidos. Sabía que decirle a uno de esos adolescentes que no, al contrario, no había tenido contacto con nadie, podía generar ese tipo de rumores que odiaba a sus espaldas.

Que era un blanducho o que era egocéntrico, que odiaba a las mujeres así también como a los hombres. O que simplemente le daba asco. A lo cual ninguna de las anteriores era cierta. Conocía su cuerpo, odiar no era lo suyo y no era para nada egocéntrico. De hecho, le faltaba un poco de eso le haría bien.

Incluyendo claro a su físico, que ahora quedaba en evidencia ante una inevitable comparación con el de Takashi.

Soltó un suspiro mientras se palpaba el abdomen, mirando sus brazos con curiosidad y luego las piernas. El deporte en realidad no era lo suyo, y no por que no le gustase, generalmente si salía a correr terminaba caminando o distraído contemplando el cielo, no podía enfocarse en algo que le distraía de hurgar a su alrededor. Veía un perro, se detenia. Salía un gato, se detenía. Encontraba algo digno de fotografíar, se detenía (Lo que generalmente era en el 80% del tiempo). Y si sumabas y restabas, prácticamente no se dedicaba a ejercitarse.

Lo escuchó salir del baño mientras secaba con un trapo el suelo, rió y nego con el rostro. -Puedo hacerlo, no te preocupes- Agachó la cabeza y lo deslizó por el suelo tratando de que absorviera el agua que parecía querer inundar el corredor. Incluso tenía ya sus descalzos pies mojados, y... a Rai no le gustaba el agua para nada, la última vez que trato de bañarlo termino casi con un brazo menos, exhausto, y mojado también.

Alzó su rostro al ver como se acuclillaba delante, y por un segundo aprecieron sus ojos brillar de la pura emocion. ¿Sabía cocinar? Sacaba la cuenta y ya llevaba dos semanas sin comer algo decente además de las instantaneas en las cuales podía variar, aunque todas al fin y al cabo sabían igual. Sus intentos de cocinar eran en vano y ya creía haberse rendido. Terminaría matando la cocina y no es que fuese demasiado lindo algo como eso. -Woah... Enserio estoy preguntandome si eres un ángel- Bromeo soltando una dulce risa agachando ligeramente el rostro. -Por mi estaría genial, en la cocina hay de todo- Era cierto, había comprado como un impulso natural. Si venía el apocalípsis por último tenía comida, aprendería a la fuerza.

Soltó una risita, ¿Apocalípsis?...

Termino de secar allí y fue al baño, señalandole antes claro uno de los armarios de la cocina que contenía prácticamente todo, incluyendo sus infaltables packs de comida instantanea.
Secó el baño y así tambien su habitación. Gracias a dios Rai estaba acostado durmiendo sobre su cama, cerró las cortinas y encendio la calefacción general para el departamento, ya le esaban dando escalofríos con la temperatura... Avanzó tranquilo hacia el ventanal y colgo la tela que había ocupado, apresurandose porque con poca prenda y el temporal afuera su cuerpo comenzaba a temblar fácil.
Cerró la ventana empujandola con ambas manos, encogiendose de hombros ante el cambio de temperatura- Brr... Si que hace frío...- Musitó frotando uno de sus brazos, caminando hacia él.
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Dom Mar 04, 2012 8:13 am


—Puedo hacerlo, no te preocupes—.

Fue lo que escuchó Miura de aquellos carnosos labios y simplemente asintió, levantándose de inmediato para dirigir su mirada hacia la cocina, aun apagada y sin ser utilizado en aquella húmeda noche. Podría venírsele a la mente varias alternativas para que pudieran cenar, pero para su opinión y mala suerte, no sabía hacer mucho. Deseaba preparar un caldo, pero no sabía cocinar demasiado y lo único que le salía medianamente decente era las pastas y las ensaladas—no soy tu ángel aunque si alguien que te agradece mucho el que le dejes quedarse en tu casa y que me hayas prestado ropa limpia—. Sonrió Miura con amabilidad y una curiosa mirada dirigida ahora al joven que aun se encontraba en el suelo limpiando el agua. Lentamente dirigió sus pasos hacia la cocina dándole al interruptor de las luces y estas parpadearon un par de veces antes de encenderse, dejando una zona bien confortable e iluminada para ser empleada. Remangándose las mangas de la polera prestadas fue al grifo y lo abrió, metiendo las manos bajo el chorro de agua helada para lavárselas. Luego se las secó. Con un ligero movimiento de su mano cerró el chorro de agua fría y se dirigió hacia el mueble para empezar a buscar, encontrando después de una exhaustiva bus queda un paquete de pasta sin cocinar y varios productos; Nata liquida, baccon, tres huevos, cebolla, pimienta y sal.

Ya al menos había encontrado los ingredientes para hacer la pasta, que a pesar de no ser un experto cocinero más o menos sabía desenvolverse sin ningún problema cuando se trataba de hacer lo que ya conocía. Dejando todo sobre la encimera se giró hacia el muchacho cuando éste entró en la cocina y procuró sonreír, no perdiendo por un segundo su sonrisa para que se animara a ayudarlo—¿Hace mucho frío a fuera?—Preguntó Miura curioso.

—necesito que me saques una olla y la llenes de agua, para dejarla sobre el fuego—.Aclaró mientras cogía una pequeña tabla de madera y depositó encima la cebolla, comenzando a cortarla con un cuchillo y a pelarla, quitándole el pellejo de afuera marrón. Tirándolo a continuación en la basura. A continuación se giró hacia el baccon y luego miró al joven—cuando este el agua hirviendo echas los tallarines dentro, por favor. ¿Podrías cortar el baccon en tiras finas mientras yo me ocupo de lo demás?—.Le comunicó Miura con tranquilidad dejando las cebollas cortadas en un plato y se acercó hacia el mueble nuevamente, cogiendo ahora una salten y la colocó encima de un segundo fuego. Roció con un par de cucharada soperas el interior de la salten y echó luego la cebolla, empezando a rehogarla mientras la movía con cuidadosamente con una espátula. Casi estaba lista, aunque aun le faltaba varios minutos puesto lo había dejado en fuego lento para no apurar al menor—necesito que tengas listo el baccon, debo echarlo en breves minutos si no quiero que la cebolla se me queme—. Confesó echando un ojo a ver como lo llevaba el joven y los continuos cortes en tiras de el baccon.

—Espero no haberme equivocado a la hora de elegir pasta a la carbonara, ni siquiera te pregunte si te gustaba. ¿Te gusta no?—.




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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Dom Mar 04, 2012 6:57 pm

Le escuchó hablar y se recogió de hombros con suavidad y una sutil sonrisa. -No tienes que ser tan formal, tampoco es que te vaya a morder- Le dijo con un ligero tono, soltando una risita en broma. No le gustaba demaciado incomodar a la gente obligandoles a adoptar actitudes, y realmente esperaba que Takeshi no estuviera haciendolo. Por eso, estiro su mano y golpeó su brazo despacio, aumentando la confianza y relajando el ambiente alrededor.

Nunca había traido nadie a su departamento, y en realidad de anfitrión solo había hecho con los padres en el colegio. No era un experto pero su naturalidad le ayudaba a manejar ese tipo de situaciones, que en cierta parte la sociedad había dejado con ciertos esqueñas de comportamiento y educación. Al parecer, otras personas consideraban la recepción un arte que se estudia, la buena conversación y correcta actitud... En realidad Naoi solo lo veía como algo espontáneo.

Se apoyó en el meson contemplandole, tenía unas horribles ganas de ofrecerse a ayudarle, pero de seguro o terminaba envenenandole, o terminaba cortandose un dedo o algo. -Demasiado- Respondió con una sonrisa. El clima parecía estar bajando más aún. No era problema si se mantenía allí, bajo techo, pero movilizarse era más complicado... Estiró el brazo para alcanzar el interruptor de la calefacción y lo empujo un numero más adelante, esperando así calmar los escalofríos en su cuerpo, además claro de que el sitio no estaba lo suficientemente cálido.

Le escuchó hablar y abrio los ojos de par en par, asintiendo de inmediato y sin pensarselo demaciado. Estaba de más decir que no le molestaba para nada, de hecho, una olla con agua no era algo complicado ni arduo, ¿Que podía pasar? -¡Claro!- Se agacho y saco de uno de los muebles el utensilio, llenandolo después de agua, lo cargó hacia el electrodoméstico, prendiendo el fuego fuerte, para que así hirviera pronto.
Se volteó hacia el, hablaba con tanta tranquilidad que la palabra ''cortar'' incluso no sonaba como una terrorífica aventura... Cortar para Naoi era prácticamente cruzar una metropolis a pie en un apocalípsis zombie.

''H...hahaha...'' De solo pensarlo se le erizaba el cabello.

Volteó el rostro hacia el baccon y sacó de uno de los cajones un cuchillo, alzandolo para apoyarlo sobre la tablilla en la cual descanzaba el ingrediente. -T...tiras finas, e-entendido- Susurro concentrandose en la tarea de cortar, manteniendo la mano que no sujetaba el cuchillo sosteniendo el baccon, prácticamente lo más lejos posible... No le costó demasiado en un comienzo, escuchó su sugerencia y asintio. ¿Rápido?...

Cortar estaba bien, sí... Tampoco era tan torpe. Pero.. Cortar-Rápido era una combinación que no le agradaba y usualmente no estaba en su diccionario. Lo miró de reojo, y soltó una risita nerviosa antes de comenzar a hacerlo de esa forma. Claro, si no hubiese sido porque olvidó la pasta y que el agua ya estaba hirviendo.
Soltó el cuchillo, y abrio el paquete colocando la pasta dentro. -Ups...- Sonrio, volviendo a tomarlo y sin pensarselo más aumentando la velocidad en el super-mega-hiper thriller de cocinar, donde afortunadamente salió ileso. -Woah... estoy vivo- Susurro para si mismo, mirandose la mano con cierta graciosa superación, recordando luego que aún tenía que entregarle la comida. Sonrió y le paso la tablilla con el baccon, bajando el fuego de la pasta a medio.

Misión cumplida.

-Como de todo- Le mencionó con una suave sonrisa, aunque a veces sus compañeros de trabajo le llamaran activista por evitar la carne. No es que le agradara mucho la idea de alimentarse a base de un animal, según él, en la misma posición que un humano. Al fin y al cabo ser humano era también ser un animal, y dejandolos en la misma posición, comerse a un igual no era algo agradable... Aunque claro, los años pasaban y su situacion no le permitía mucho escoger. Los médicos seguían obligandole a ingerir todo tipo de comidas por su enfermedad, y en realidad poco podía hacer respecto a eso. -Creo que si la he probado, pero no le quita importancia, quiero saber como cocinas tu- Dijo afable y natural, mientras colocaba el cuchillo y las cosas que ya habían utilizado en el lavadero(?).
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Lun Mar 05, 2012 9:39 am

Lo cierto era que podría haberlo hecho él solo, no le hubiese hecho falta el coger ninguna sola ayuda de nadie y mucho menos del aquel muchacho. No obstante, Miura deseo el hacerlo participar en ese pequeño proyecto de hacer la cena. Tampoco creía que le hubiese pedido nada fuera de lo normal, el colocar una olla llena de agua era algo que cualquiera podría hacer y el cortar, bueno, todo el mundo sabía hacerlo; ahora bien más rápido o más lento, dependiendo de la habilidad de cada uno.

La primera tarea que le había sido impuesta la había hecho sin el menor problema e incluso lo vio hasta animado. Miura por un segundo se preguntó si aquel chiquillo sabría cocinar, pero en cuanto diviso los pack de comidas rápidas en el mueble rápidamente descartó aquella posibilidad. Además, en la forma en que cortaba el Baccon se lo estaba dejando bastante claro. Por un momento temió por sus manos, pero aun así no dijo nada—ten cuidado, no creo que sea buena idea el que te cortes y tengamos que ir al hospital, en mitad de esta tormenta—. Bromeó un poco por lo bajo, continuando removiendo el contenido de la sartén con la espátula y bajándole un poco la intensidad más al fuego. En cuanto el joven le acercó el Baccon ya cortado, lo echó en la sartén y lo comenzó a mezclar con la cebolla, dejando que continuara rehogándose lentamente y que cogiera parte del sabor. Por un momento se olvido de el agua y la pasta, pero apresuradamente volvió a dirigir un vistazo a esta—vuelve a mover la pasta por favor, si no se pegara—. Le comunicó Miura tranquilamente observando al joven y sonriéndole en todo momento, volviendo a centrarse en el contenido de la sartén que sostenía con una mano y con la otra lo movía.

—No te gusta cocinar o es que no te llevas bien con ella… ¿A qué dos causas se debe? —preguntó Miura con un poco de curiosidad y no lo ocultó, en el tonó de su voz se supo mientras le hacia la pregunta y le dirigía la mirada. Normalmente él no era un experto en la el arte de la cocina y ciertamente, la falta de tiempo y el que siempre comía solo, no eran grandes motivaciones para aprender mucho más de lo que ya sabía. No obstante, el hacer la cena para él y alguien más lo cierto es que lo animo bastante—espero no haberte puesto en un aprieto cuando te pedí ayuda con la cena, pero pensé que así tardaríamos menos en prepararla y pronto podríamos empezar a cenar—. Confesó Miura mientras dejaba la sartén a un lado y se acercaba a la olla, moviendo con un tenedor los tallarines y cogiendo uno, para llevárselo a la boca justamente después de haber soplado un poco.

—La pasta esta ya lista—. Dijo sacando la olla del fuego y la dejó a un lado, apagando el fuego a su paso. Acercándose hacia el mueble de los utensilios y trastos, se puso a buscar hasta que encontró una escurridera y la llevó al grifo. Comenzando a lavarla y dejándola limpia, luego la dejó encima del fregadero y cogió de nuevo la olla, claro, con un par de paños para no quemarse. Con cuidado depositó la pasta en el escurridor y luego dejó la olla en un lado, volviendo a centrarse en la pasta para comenzar a escurrirla. Cuando le quitó toda el agua se llevó la pasta hasta la sartén y la volcó encima de el resto del contenido que ya tenía listo. Mezcló cuidadosamente la pasta con la cebolla y el baccon, y luego agregó los huevos junto a la nata empezando a hacer una curiosa salsa.

—Esto casi esta. Sácame dos platos y si quieres pon la mesa, al menos unos vasos y cubiertos—. Le aconsejó Miura por si quería seguir echando una mano y así de paso en breves minutos estarían comiendo. Cuando los platos estuvieron en la encimera, justo dónde estaba cocinando, levantó la sartén del fuego y repartió a parte iguales el contenido de la pasta a la carbonara. Apagó el fuego y depositó la sartén en el fregadero, abriendo el grifo a continuación para que no se pegara nada a la adherente superficie de la sartén. Luego cerró el agua nuevamente y cogiendo los dos platos se dirigió hacia la mesa para dejar los dos platos encima.

Spoiler:

—Espero que sea de tu agrado, lo intente hacer mejor que supe y sin mirar la receta original. Creo que no se me olvido nada mas… —Abrió los ojos un poco y corrió inesperadamente hacia la cocina, cogiendo el pequeño bote de la pimienta y el orégano, volviendo al poco después con ellos—no le agregue mucha pimienta y orégano por que no sabía como te gustaban, así que los traje para que los pongas a tu gusto—. Aclaró con una agradable sonrisa dejando los pequeños botes sobre la mesa y se sentó en el sofá.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Mar Mar 06, 2012 8:33 pm

Cortar en trocitos le había puesto algo nervioso, ¿porqué era tan torpe?. Sabía que nunca había nesecitado cocinar en su infancia, y en realidad eso era trabajo de otras personas en ese momento. O al menos eso era lo que decía su padre, que no podía perder el tiempo en vanalidades como la cocina, a pesar de su interés.
Porque al ser un niño, ¿que más se quería hacer que aprender a cocinar galletas para obtener el único premio de una sonrisa o un cumplido?

Cortando los pequeños trozos, divagó en esas difusas memorias. Esos años en esa burbuja de metal, hasta llegar a colapsar.

La expresión de su rostro seguía siendo la misma, sin nigun cambio en particular. Era completamente perfecto, era como si nada pasara más allá de sus cristalinos ojos. Podía llamarle maldición o suerte, ya que nadie nunca se daría cuenta de su verdadero estado. De como grandes cosas en el pasado le destrozaban por dentro, no podía seguir adelante cuando aún no encontraba la clave para hacerlo desaparecer. Era fácil proponerselo, pero otra cosa muy diferente era que se fuera en verdad.

Volteó hacia Takashi, soltando una ligera risa avergonzada. No se le había pasado por la cabeza algo tan grave como para verse obligado a recurrir al hospital. Pero de seguro, si asi hubiese sido, hubiese terminado desangrado antes de poder llegar. -N...no es para tanto...- Se pasó la mano que sostenía antes el cuchillo por la parte anterior de su cuello, rascandolo con una actitud ciertamente avergonzada, dejando sus dedos allí un segundo, siguiendo luego sus ordenes para manejar la comida de manera que no sufriera bajo los efectos del fuego.

-Uhm... Creo que ninguna de las dos...- Mencionó absorto en ese pensamiento. Porque por un lado no es que no le gustara cocinar (Fuera del nerviosismo pre ''situación peligrosa'' el cual no era para nada agradable de sentir...) y llevarse mal con la cocina era un termino algo... le parecía que algo dirigido a lo agresivo. Cosa que no iba con él para nada. -Es solo que a veces me supera, ya viste, cortar por ejemplo- Le dijo moviendo la pasta con un tenedor mientras sonreía algo distraido, como era usual en él. -No se, soy demasiado distraido para cosas como la cocina, o torpe, o... eso. Pero ni te preguntes que cosas han pasado mientras cocino.. -Soltó una queda risita, si no le hubiese gustado ''tratar'' de cocinar no tendría tantas cosas en el armario de la comida... Fuera de las instantaneas claro. Aunque fué mala idea, de seguro habría demorado menos si no hubiese metido las manos por allí.

Le vió seguir con el proceso, con tanta naturalidad que se pregunto donde habría a prendido. Si bien no tenía esas maneras exóticas de la gente que enseñaba cocina en la t.v, Takashi parecía saber manejarse con sutileza y hasta elegancia. Contempló sus manos curioso, parecían más grandes que las de él, pero en sus movimientos veía calculo, fluído y como si se hubiese pasado mucho tiempo practicando no cometer errores. ¿Sería su imaginación?... -Pareces un experto- Rió despacio y siguió sus ordenes, entregandole los platos para luego comenzar a colocar la mesa, estirandose un par de veces para alcanzar los vasos.

-Se ve genial... Woah...- Soñaría de seguro con hacer algo así por su cuenta, tenía capacidad cero y eso realmente parecía una obra de arte a años luz de su alcanse. Y ahí lo confirmo. No era la cocina, era el mismo el problema.
Le añadio un poco de los condimentos, el chico realmente era agradable, incluso se había dado la molestia de pensar que era lo que le gustaba. ¿Sería así con todos?
Caminó hasta sentarse en el sofá junto a él, cruzandose de piernas y dejando el plato de Takashi en la mesita de enfrente.
-No aguanto..- Mencionó de broma, pero sonriendo de la misma forma, comenzando a comer, abriendo los ojos de par en par, casi con emoción.

-¡Taaakaashi! ¡Esto esta genial!-


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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Miér Mar 07, 2012 9:33 am

El que alguien reconociera algún merito, eso era ya algo que animaba a cualquiera. Pero que lo hicieran cuando estaba relacionado a nuestro propio esfuerzo eso era sublime. De repente una corriente eléctrica nos invadía y entrara en nuestro cuerpo dándonos animo, además de fortalecernos para querer seguir aprendiendo muchas más cosas.

Con una media sonrisa su rostro Miura se inclinó hacia delante y cogió su plato, junta al cubierto que le correspondía parar comerse la pasta a la carbonara—no soy un experto, solo que me gusta un poco cocinar. Además, no es que haya hecho algo muy elaborado con total franqueza, cualquiera lo podría hacerlo en realidad. Hasta tú si te lo propusieras y con un poco de cuidado, lograrías hacer algo similar a esta cena que prepare—. Aclaró con una agradable sonrisa en sus labios y continuó comiendo, cuando de pronto escuchó aquellas palabras de aprobación que hicieron que le dirigiera una amistosa mirada—come come.. le insistió alegremente viéndolo como miraba el plato con verdadera hambre y se llevó a la boca parte de esos tallarines a la carbonara.

—Exagerado—. Le recordó absorbiendo parte de la pasta. Ahora que empezaba a consumirla se recordó mentalmente que la próxima vez la cortaría al menos en dos veces para que no fuese tan pesado a la hora de comérsela. Durante unos minutos se quedó callado comiendo, mirando a su alrededor con bastante curiosidad y buscando, disimuladamente, al gato del joven. ¿Dónde se habría metido?, lo único que se le ocurría era que seguramente habría ocupado otra habitación ya que ellos estaban allí—¿Eh? Si, cuando me alegro de que te guste tanto. Por un momento pensé que no me saldría algo decente, pero al final acabe acordándome de todos los ingredientes y los pasos a seguir, sin llegar a olvidarme de ninguno en ningún momento—. Comentó Miura sin miedo de exponer esa parte de su inseguridad delante de aquel joven, no era alguien que se avergonzara demasiado de hacerlo frente a un desconocido, mucho más aun si éste era tan lindo—por cierto… ¿Y tu gato? No lo veo desde hace un buen rato—. Preguntó Miura mientras volvía a dirigir un curioso vistazo al piso del joven, fijándose como dentro de lo que cabía se encontraba medianamente acomodado. Aunque con libros, folios y demás objetos haciendo de decoración al salón.

A comparación del suyo, éste era mucho más acogedor y amigable, de esos lugares que entraban ganas de estar. Mientras que donde vivía Miura era un sitio solamente, cuatro paredes sin ninguna clase de adorno elegido por él y nada que pudiera comprometerlo. No podía darse el lujo de dejar cabos sueltos, como tampoco el encariñarse con un lugar por que sabía que de un momento a otro lo llamarían para ir a la otra punta del mundo. Como otras veces le había pasado. Aun seguía preguntándose cuento tiempo duraría su estancia allí, aparentando y no haciéndolo en el fondo, puesto que en aquel justo momento que se encontraba junto a ese joven, no estaba fingiendo.

Minuciosamente Miura dejó el cubierto sobre el plato unos segundos y luego volvió a centrar su mirada grisácea en el muchacho, fijándose en sus facciones con tremenda curiosidad—y dime… ¿En que curso estas exactamente? Por que me imagino que como mucho estas en bachillerato—. Comentó sin darse cuenta de su error, de cómo aquello haría reaccionar al joven que tenía sentado a su lado en el sofá y del que apenas conocía nada, de hecho apenas sabía su nombre y dónde vivía—por que me imagino de que tendrás aproximadamente como unos diecisiete o dieciocho años… ¿No?—cuanto más hablaba, mucho más hondo se metía en ese barro que se había creado él mismo alrededor suyo.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Miér Mar 07, 2012 10:21 am

-¿Algo similar?- Se preguntó, girando hacia la práctica obra de arte comestible que había creado el chico, oltó una risa alzando las cejas al imaginarse la masa tóxica que de seguro terminaría preparando. La última vez que había preparado pasta, había confundido el agua normal con agua oxigenada y afortunadamente lo notó antes de morir por envenenamiento -No lo creo- Murmuró mientras seguía comiendo, con una sonrisa en su rostro.

Le escuchó algo admirado, enrollando en el tenedor despacio la pasta. No solía comer demaciado rapido, o bien mucho. Con el nuevo trabajo no se percataba mucho de cuanto tiempo había transcurrido desde su última comida, lo que a veces solía ser bastante. Leer le abstraía del mundo real, así como cualquier otra actividad que llamara a su infantil curiosidad.
Normalmente su gato terminaba recordandole, porque aunque sonase extraño, comían casi al mismo tiempo si es que Naoi lo hacía. Su mascota maullaba y el distraído pelinegro lograba notar que ya era hora. -Uhn... Mi gato- Parpadeo un poco alzando la vista, pensativo. Tenía razón, la última vez que lo había visto había entrado a su habitación con ese orgulloso porte. Pero sabía que ese animal tenía dobles intenciones y sus acciones no eran tan tiernas como las que en cualquier felino doméstico parecían. ¡Era prácticamente un humano!

-Tienes razón...- Susurró dejando el plato en la mesita, levantandose y dirigiendose con suaves pasos hacia su habitación. -Es raro que no este aquí, sindo que estas tú- Mencionó desapareciendo tras la puerta con un curioso tono, mirando a su alrededor y viendo a su mancha negra recostada en el suelo jugando con algo. -¿Uhm?... ¿Que haces?- Se arrodilló en el suelo para mirarle, estirando su brazo y tocandole suavemente, a lo que él respondió gruñendo, claro aviso de que si seguía jodiendo terminaría rasguñandole. Pero Naoi era bastante indiferente con su agresividad, si bien habian momentos en que llegaba a asustarle, los relajaba con risas. Y claro, los raguños no eran demasiado a que quejarse.
-Hey.... ¿Que tienes allí?- Le hablo con una sonrisa, mirando y notando una billetera.
...
Billetera que no era suya, y que su gato mordisqueaba divertido pero al mismo tiempo como descargandose... Ehm... El no robaba, ni tenía guespedes. ¿Como...?
¿Takashi?

-¡Hey no!- Sufrió uno de esos esclarecimientos mentales que frustraban, y le arrebato con cuidado el objeto, sin herir su dentadura y también tratando de que no siguiera dañando la billetera. El felino gruñó y le mordió la mano como solía hacer, casi lanzandose sobre su cuerpo. Era gracioso como una criatura de ese porte podía neutralizar a Naoi, que a pesar de ser pequeño, le ganaba por bastante. -¡Rai p-para! A...auu~- Quitó la mano y la sacudió en el aire mientras se ponía de pie y el susodicho le mordía estos, avanzó rápido para alejarse, saliendo de su habitación y cerrando la puerta tras de si como si su vida dependiese de ello.

Rogó por no haber asustado a Takashi con eso, apoyandose en la puerta un segundo y suspirando, para acto seguido caminar hacia el living y extender el objeto con una de sus manos. -¿T-tuya?- Rió algo avergonzado, pasando por delante para sentarse a su lado y relajar su cuerpo en un suspiro. -Es....es un demonio- Sonrió con una graciosa frustración.

Siguió escuchandole, al mismo tiempo en que tomaba su plato para seguir comiendo tranquilo, cruzandose de piernas a lo indio. -¿Bachillerato?- Nunca había asistido a un instituto, y más que eso, lo único que había poseído habían sido tutores privados hasta entrar a la universidad. O bien...

...Fugarse a la universidad.

Rió con sus suposiciones, ahora expresadas por completo. Ya antes se lo había imaginado, de todas formas le pasaba con mucha gente. -Ahora se que no eres detective- Le dijo en broma, bebiendo de su vaso con agua. -Soy profesor, bachillerato aún no hago pero creo que pronto tomaré un curso... Ah, y.... no, no tengo dieciocho ni diecisiete- Negó sonriendo. -Tengo veinticuatro...-
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Miér Mar 07, 2012 4:00 pm

«¿Por qué eres tan negativo?»

Se cuestionaba Miura para si mismo en silencio mientras lo observaba sin perder detalle alguno del menor, de cómo reaccionaba a cada palabra que soltaba o le trataba de animar. Era poco frecuente encontrarse con alguien que tuviera una opinión tan negativa sobre si misma, no es que todo el mundo fuese un experto en todo, mas aun en la cocina, pero la mayoría de las personas solían defenderse en ese aria bien decentemente o como un verdadero manitas. Pero parecía ser que ese no era ninguno de los dos casos. Continuando liando en su cubierto la pasta le dio unas cuantas vueltas y volvió a meterse en la boca otra pequeña bolita, comenzando a masticarla hasta que la engulló—vamos, no lo digas de esa forma…—. Sonrió con levedad y luego le dio un suave golpecito en el hombro—es muy fácil de hacer, si quieres un día nos ponemos y te enseño a hacerla—. Se ofreció Miura cortésmente para que pudiera empezar a valerse por si mismo y que le cogiera un poco más de confianza al asunto. Para su propia opinión personal eso era el punto clave para empezar a hacer cosas en la cocina, el atreverse a entrar e investigar, aun habiendo riesgo de que pudiera salirte una autentica bazofia.

Sin esperárselo ni siquiera Miura se percató de cómo dejaba el plato sobre la mesa y se levantaba, justamente después de haber dicho “mi gato”. Con cuidado lo dejó pasar y lo siguió con la mirada, perdiéndose a los pocos segundos detrás de la pared del pasillo que daba a las habitaciones. En un principio pensó que se le había olvidado algo, de que volvería en seguida, pero la voz del menor lo alarmó e hizo que se girase en el sofá, mirando hacia la pared por donde había desaparecido el joven. Por un momento estuvo con la iniciativa de levantarse e ir a ver que era lo que había ocurrido, no obstante, no lo hizo y se mantuvo quieto en su sitio sin perder la compostura. Aunque eso era difícil de mantener, el grito y luego el portazo de la puerta hizo que se preocupara aun más.

—¿Estás bien?—preguntó Miura en el mismo tiempo que dirigía su atención al brazo extendido hacia él y luego a la mano, que parecía mantener una… cartera, ¿Mi cartera?. Pensó acercando su mano libre hasta cogerla y observarla—si, es mi cartera… pero, ¿Cómo llego a tus manos?—Intentó hacer memoria mentalmente y no recordaba que la hubiese sacado de su pantalón, en ningún momento la cogió para buscar nada y mucho menos el pagar. Dejando el plato en la mesa un segundo, abrió la cartera y le echó un rápido vistazo, comprobando que no le faltaba nada. No lo había hecho por que desconfiara del joven, si no simple por que era una manía que tenía y de la que no podía deshacerse tan fácilmente como le gustaría. Luego cerró la cartera y la dejó encima de la mesa, volviendo a centrarse en el muchacho de cabellos oscuros.

Ahí estaba la fregada, delante de sus ojos cuando repitió el moreno “¿Bachillerato?” y luego se limitaba a sonreír, como había llegado a hacer en varias ocasiones. «¿Acaso me equivoque en mis indagaciones?» razonó en silencio mirándolo un poco confundido por su pequeña aclaración de que no era un estudiante, de que en realidad era profesor y que no había hecho bachillerato, aunque estaba planeando tomar clases. ¿Le estaría tomando el pelo?, por un segundo pensó de que era así, de que estaba tomándole en burla y en breves instantes acabaría aclarándole de que todo era una simple broma—¡¿Profesor de… ?!—Exclamó sin poder evitarlo, abriendo los ojos considerablemente ante aquella aclaración y girándose aun más, contemplándolo totalmente incrédulo. Aunque lo mirase y viese su rostro, no lograba echarle esa edad, a sus propios ojos para él era un tierno y adorable niño que apenas acababa de cumplir su mayoría de edad como en otros países.

—¿Veinticuatro años?—Repitió Miiura aun bastante sorprendido de ello, haciéndose a la idea aunque esta le costase bastante de asimilar—disculpa, pensé que tenías… bueno, por eso te estuve preguntando antes en la biblioteca si estabas matriculado. No me llegue a imaginar cuan equivocado estaba en mis propias conclusiones—. Confesó Miura un poco sorprendido de saber que ese niñito tenía casi su edad, solo lo separaban como cuatro años y no doce como pensó en un primer momento. Algo apurado Miura bajó la mirada y comenzó a reírse, dándose cuenta como había llegado a meter la pata bien y hasta el fondo.

—Bueno, después se sacarme de esa errónea confusión me alegra saber de que eres mayor de edad—. No es que hubiese pensado nada extraño, de hecho ni siquiera se le había pasado por la cabeza ni siquiera, pero el saber que tenia esa edad lo aliviaba—por cierto, yo ya termine mi plato hace un buen rato—. Dirigió una furtiva mirada hacia su plato y luego se levantó, empezando a recogerlo todo para llevarlo a la cocina y terminar de lavarlo. Sabía por propia experiencia de que si no lo hacia ahora, a la mañana siguiente todo estaría reseco y sería un completo fastidio el intentar limpiarlo. Lo tendrían que dejar en remojo durante un buen rato.

—¿Me ayudas a recoger?—preguntó Miura sonriente desde un pico de la mesa y con los platos en las manos, uno encima del otro y arriba del todo los tenedores.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Vie Mar 09, 2012 1:14 pm

Rió suave, observando el alimento entre sus manos mientras Takashi le daba un suave golpe en el hombro. Se encogió de hombros, algo resignado no por lo que decía, si no más bien respecto a su yo en ese ámbito. -V-vale... Pero si te mato no quiero consecuencias luego- Dijo en broma, antes de levantarse y bueno... Pelear con su gato.

Al volver de aquella ''batalla'' notó que el pequeño demonio le había dejado un par de rasguños en los brazos... Los miró y soltó un divertido suspiro, normalmente cuando llegaba con ese tipo de heridas al instituto no faltaban los chicos que le molestaban respecto a su pareja.
''Hee~ ¡Sensei! Parece que su novio es un dominante-marca-territorio'', ''Sensei, se veía a leguas que era uke'' Y un montón de cosas que seguramente le avergonzarían si fuese cierto. Cosa que no, en realidad soltaba risas y seguía el hilo de sus juegos.
En cierta parte ese tipo de bromas le hacían llevarse bien con sus alumnos, era confianza, ¿No?... Aunque después de todo, nunca llegaba a decir una palabra sobre su persona, sin darse cuenta podía manejar la falta de información respecto a si mismo en los demás, tal y como había hecho con Takashi. ¿Habría dudado? ¿O realmente no se habría dado cuenta de las evasivas?

Por su parte, tanto había ocupado en ocultarse, que ya no se percataba cuando evadía de esa forma.

Notó la sorpresa en su rostro cuando le entregaba el objeto y sonrio un poco avergonzado. -Disculpa, no... no la tenía yo, Rai la sacó, pero no se como- Añadió riendo un poco, notando como comenzaba a examinarla. Quizás se coló en el baño, o bien cuando habían entrado. Ese animalito realmente le asustaba a veces... -Espero que no le haya hecho daño, estaba mordiendo... -Susurró acercandose un poco, inclinandose a él para tocar la billetera y señalandole la esquina, en la cual se podían ver las marcas de pequeños colmillos. No la había roto pero si se notaba. -Ugh... ¡Lo siento!- Suspiró sin alzar demasiado la voz al encontrarse cerca. Despacio, volvio a sentarse a su lado.

Su reacción de cierta forma le hizo abrír los ojos sorprendido, incluso tanto como lo señalaba el rostro del contrario, inclinandose ligeramente hacia atrás en esa graciosa situación. Parecía realmente impactado. Lentamente relajó sus facciones, colocandose el dorso de la mano cerca de sus labios al soltar una risa, cerrando sus ojos unos instantes. -D-de idiomas- Respondió mezclado con la risa, bajando su mano para apoyarla entre sus rodillas, girando ligeramente el rostro para seguir escuchandole.

-Es práctica universitaria, pero... Ya terminé hace un tiempo los estudios de idiomas, mi carrera de literatura traía eso consigo- Le aclaró con una sonrisa, encogiendose de hombros. Volteó hacia adelante sin mirarle, y disminuyo un poco su sonrisa pero sin hacerla desaparecer, manteniendo sus ojos sobre la ventana frente a ellos. -¿Descepcionado?- Murmuró, se había dado vueltas esa pregunta en la cabeza... De seguro creyó que mucho menos, y eso de alguna forma no le hacía sentirse tan bien como normalmente la gente haría. Y no entendía realmente la razón... Nunca le había tomado real importancia a lo que la gente pensara respecto a su aparente edad, o por lo menos no en el sentido negativo, ya que siempre terminaba culpandose a si mismo, divagando en el porqué de sus facciones que llegaba a incluso parecer anomalía por un lado...

Se palpó el rostro con ambas manos y le miró enseguida. ¿Le alegraba? -¿De...de veras?- Pregunto esbozando una sonrisa, ya había superado la mayoría de edad hace bastante tiempo en realidad... -¿Y tú? Dime tu edad.. - Con su natural tono, afable, preguntantole diréctamente, se levantó para ayudarle a recojer las cosas, empujandole suavemente con su cuerpo quitandole los platos para lavar el. -Dejame hacer algo, que tu cocinaste- Rió, mojando sus manos mientras lavaba, terminando con esa tarea más rápido de lo que se esperó.
De todas formas, no era complicado eso. Para nada... Se sintió un poco culpable por su falta de aporte en la preparación de esa comida, que estaba de más decir que le había encantado.
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Sáb Mar 10, 2012 10:35 am

Cuanto más hablaba, mucho más se sorprendía de sus palabras y como, poco a poco, se daba cuenta de cómo llegaba a ser tan negativo. «¿Un autoestima tan bajo tienes?» pensó Miura viéndolo levándose del sofá y perdiéndose durante unos minutos.

Los ojos se Miura se abrieron aun más en cuanto se enteró de la procedencia de su cartera y como el gato, sin saber como, se había adueñado del objeto. Ligeramente el mayor movió su rostro indicándole que no importaba, la verdad era que mucho no se hubiese encontrado a excepción de unos billetes, monedas, su documentación y la de su moto, más un par de condones. Pero nada que lo llegara a comprometer. Miura no era tan estúpido para llegar a dejar dentro de su billetera una identificación del gobierno, como armas de alto standing en su casa sin llegar a tenerlas especialmente protegidas y guardadas. Lo que normalmente solía tener a la vista eran su documentación de policía, sus esposas y arma, no sin quitarle un ojo nunca. Quien sabía, podría ser que al invitar a alguien a casa -que muy pocas veces sucedía- acabara sucediendo una desgracia por su falta de interés en ese aspecto. Por lo que siempre procuraba tenerla a la mano, pero jamás a la vista de cualquiera. Luego lo miró y sonrió, tampoco es que le hubiese prestado mucha atención a que estuviese mordida—no te preocupes, lo importante es que apareció y tiene todos sus objetos, no me falta nada. Además, míralo por el lado bueno…—sonrió amablemente, especialmente para que el joven no se sintiese culpable—ahora esta caracterizada—. Trató de hacer otro malo chiste del asunto y se llevó una mano a la nuca, comenzando a reírse. No obstante, en cuanto el joven se disculpó de esa forma hizo que lo mirase un tanto sorprendido—tranquilo, no pasa nada—. Dejo de sonreír y en sus labios se dibujó una pequeña fina línea. Sin poder evitarlo se había quedado un poco desorientado por esa repentina disculpa, ya que sinceramente no sabía a que se debía.

«¿Por qué te disculpas?» en un primer momento se le vino a la memoria el tema de la cartera y el gato, pero rápidamente lo miró una ceja ligeramente alzada a través de las lentes.

Miura aun seguía sorprendido por aquella sorprendente aclaración, por descubrir de un momento a otro cuan equivocado estaba y como se pensaba que era un alumno. Por más que lo mirase, por más que tratara de encontrarle algún signo de madures a aquel joven, no lo encontraba. De hecho dudaba. No lo podía evitar. «¿Pero no me va a engañar cierto? No gana nada echándose más edad de la que tenía…» caviló Miura en silencio durante unos segundos, clavando su mirada en ese adulto con aspecto de muchacho que tenía delante suya—no es eso, claro que no estoy decepcionado—. Aclaró sonriendo ahora, mientras dirigía su atención hacia la ventana que parecía abstraer al joven de sus propios pensamientos. Luego volvió a mirarlo—pero de pensar que eras un estudiante, a descubrir que en realidad eres profesor… digamos que me rompió todos los esquemas. Aunque míralo por el lado bueno, siempre te mantendrás más joven que los demás—. Otro mal chiste de que después de soltarlo se arrepintió de inmediato—¿Y que idioma es que das en practica? Por que dudo mucho de que sea el español o el japonés—. Aquel joven no tenía pinta de que fuera asiático, no poseía los famosos rasgos de los de su raza. Aunque a primera vista pudiera parecerlo, no lo era, sus ojos eran más grandes que la mayoría y el tono de su voz, a pensar de que se entendían, se daba un acento diferente—además, dijiste que dabas literatura también… ¿Es difícil?—preguntó Miura con una tremenda curiosidad, jamás había conocido a ningún profesor en persona y más aun fuera del ámbito universitario. Por lo que todo aquello era como una pequeña novedad.

Con una cierta gracia Miura observó enternecido como se palpaba el menor el rostro y luego sonrió, sin poder evitarlo por que aquel gesto lo encontraba especialmente tierno. A pesar de tener veinticuatro años como le había dicho, aun seguía siendo más pequeño que él por cuatro años y el verlo actuar de ese modo, corroboraba de que era un adulto con aspecto de adolescente—claro, ¿qué hubiesen pesado si me ven montando en la moto a un menor? Mas aun si me coge la policía, a ver que explicación le doy—. No tendría que haber dado ninguna sola aclaración a ese hecho en si, con solo haber sacado la placa y habérsela enseñado al otro oficial, con eso era más que suficiente para que lo dejaran marchar. Así de simple y fácil. Con los platos en la mano lo vio levantarse y dirigirse hacia su dirección, sintiendo ese pequeño empujón que hizo que arqueara una de sus cejas marrones—tengo veintinueve años, entrando en los treinta en unos meses—. Confesó no dándole demasiada importancia a esa realidad, normalmente la gente solía entrar en crisis en cuanto se aproximaban a los treinta. Sin embargo, Miura le daba igual. Como si era mañana mismo su cumpleaños, total… tampoco planeaba celebrarlo.

—¡Hey! Planeaba…—Miura no se quejó, dejó que cogiera los platos y los lavara el menor, quedándose a su lado apoyado en la encimera de espalda. Bajó la mirada y se miró los pies, ahora que se daba cuenta no llevaba nada—¿Tu no tendrás de sobra también unas zapatillas de mi talla?—preguntó como si no quisiera la cosa, le había prestado unos pantalones y una polera, lo único que le faltaba era que sacar por arte de magia unas zapatillas de su talla.

Justamente después de haber terminado con aquella tarea y que la cocina terminase recogida, salió de la cocina con el muchacho al sujetarlo por los hombros tras apagar las luces—supongo que tendrás sueño, tampoco quiero robarte mucho más tiempo—. Aclaró soltándolo y dirigiéndose hacia el sofá, donde se sentó—yo con una manta estaré más que servido—. Le avisó aun sonriente, no deseaba que sintiera ninguna clase de apuro por el simple hecho de usar el sofá como cama aquella noche.

Ahora que se centraba en la ventana de los grandes ventanales se daba cuenta de que la tormenta estaba un poco más apaciguada, aunque eso no quería decir que dejara de llover.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 10, 2012 2:09 pm

Debía recordarse regañar a Rai cuando estuviese con él. No entendía las manías de su gato, no conocía mucho a Takashi, y realmente lo que menos quería en ese instante era incomodar a la única persona que había pasado a su departamento. Además de que claro, le agradaba e incluso había cocinado para el... Soltó un suspiro. ¿Porqué siempre le pasaban ese tipo de cosas a él? Era como si tuviese el karma para espantar personas o vida social, y aunque sonase exagerado por un gato, pero no era algo demasiado normal ver a un amo siendo atacado por su mascota o escucharlo, como había sucedido anteriormente.

De seguro ya pensaba que era un freak de esos que hablan solos y hacen todo a porpósito para llamar la atención. El punto era que no nesecitaba atención, de hecho, sentía que a veces todo era más fácil si se mantenía de bajo perfil. El precio de no tener que mentir o fingir cosas era de cierta manera, romper un poco el lazo con la sociedad. Y si lo veía fríamente, era lo mejor. Tenía un apellido que sonaba entre cualquier empresario y si alguno de ellos llegaba a saber sobre su ubicación, adios vida como la conocía hasta ese momento.

Porque su familia no dejaba de buscarle... Su padre no dejaba de buscarle. Y no entendía la razón de ello, sabía que era el único heredero y que debía seguir manejando el practicamente imperio en inversiones que tenía su progenitor y que si alguien más llegaba a saber que no era un hijo legitimo, la reputación de su padre quedaría expuesta y eso era a que le temía... Pero no sabía cuantas veces se lo había repetido, ''No le diré a nadie'' o ''No quiero saber de eso''... El parecía sordo ante sus palabras. Debía eliminar cualquier amenaza que pudiese destruir su imperio, y esa amenaza era Naoi.

Pero el chico lo único que quería era olvidar eso, a pesar de que cada cierto tiempo siempre acababa topandose con algun detective privado, algun policía, alguien bajo el mando de su padre que le forzaba a volver, y le molestaba... A veces se preguntaba hasta que punto el pasado de las personas podía manejar las desiciones del presente y del futuro. No quería ser una víctima de ese tipo de situaciones, a pesar de que sabía que habían ciertas cosas obstruyendole aún el paso.

Alzó el poco el rostro y río ante su ''chiste''. Si es que podía llamarsele asi, bajando sus orbes para contemplar la caracterizada cartera, deslizando uno de sus dedos por la zona en que los colmillos de su mascota estaban marcados, divagando lentamente hacia su edad. ¿Más joven que los demás? Realmente le hubiese gustado tener un rostro acorde, o bien no tan exagerado respecto a su diferencia real. Eso podía también ser un obstaculo al nivel relaciones. Aunque... Ya se cansaba de andar buscando excusas, era sólo él. -Ya veo...- Asintió con una suave risa, negando con el rostro. -Tuviste un gran rango de error, de estudiante a profesor...- Añadió con gracia, encogiendose de hombros. Solían pensar que mentía a lo que usualmente enseñaba su identificación. Usual porque no le gustaba andar mostrandole a medio mundo sus datos personales, no desconfiaba en realidad. Eran solo sus malditos asuntos con el apellido. -Actualmente solo doy clases de Alemán, y me mantengo con francés en extracurriculares- Estiró los brazos y se cubrio los labios cuando un ligero bostezo escapó de sus labios, escuchó su pregunta y sonrio con resignación, alzando su mano para jugar con uno de los piercings en su oreja izquierda, oculto entre sus oscuros mechones de cabello. -No... No hago de literatura por ahora, quizás más adelante, de todas formas no hay mucho campo en eso-

-¿Te llevan a la carcel por llevar a alguien más en la moto?- Rió bajo sin creerselo, mirandolo con interés, no sabía eso, en realidad no tenía idea. Y no es que se mantuviese alejado de las leyes de transito a propósito, es solo que moviendose en tren todo el día, poco llegaba a enterarse.
Y en realidad le había gustado, nunca había andado junto a alguien en una moto y a pesar de las condiciones climaticas, para más decir asquerosas, le daba una ligera sensación de libertad. A pesar de haber estado ambos empapados y quien sabe hasta que punto en un borde de accidente. Era genial. Y quien se hubiese imaginado que fuese solo producto de una coincidencia.

Abrió los ojos, quizás no tan sorprendido como el contrario al enterarse de su edad, pero si lo suficiente como para que se diese cuenta. -Tu también pareces menor, ¿he? - Dijo con aires ligeros. -Pensé que tenías 25 o...o 26 - No mintió en eso, era realidad. Takashi parecía menor, sus facciones y su físico se lo decían. Aunque claro, poca importancia le daba al hecho. Seguía siendo igual a pesar de que le había entregado su edad, tal y como debía ser al conocer a alguien. Aunque dudo, y poco creyó que hubiese pasado lo mismo con su caso. ¿Sería lo mismo después de que Takashi supiera su verdad? Y eso era lo que le angustiaba algunas veces...

Sonrió como solía hacer y se ajusto los lentes en el puente de la nariz con ambas manos, seguiría culpando su ropa, o sus maneras, o su pasado tal vez. Ya daba igual, no quería seguir deprimiendose por sus propios pensamientos, menos en presencia de alguien ''nuevo''. No quería espantarle, de hecho, algo en si le rogaba el mantenerse cerca. Volteó despacio mientras fregaba los platos, escuchando su pregunta y elevando sus orbes con curiosidad respecto a lo que tenía y no. Últimamente lo único que usaba eran sus converse. -Yo... creo que tengo unas sandalias, pero son... Sandalias- Redundó graciosamente, tratando de ahondar en el hecho de que afuera había una tormenta y el chico andaba en moto. Las sandalias quizás no serían las cosas más apropiadas, y si bien era mejor respecto al clima, manejar su ''chica'' sería peor. Terminó de secar y guardar, pasandose las manos por su short y saliendo de la cocina con Takashi tras de si, siguiendole con la mirada. Le preocupó un poco que pudiese pasar frío allí, de todas formas estaba frente a la ventana... Se mordió el labio inferior y empujo despacio el interruptor de la calefacción, aumentandola un par de grados, para caminar hacia las cortinas y cerrarlas poniendose en puntas para hacerlo mejor. -Esta bien... Pero si te da frío me avisas, ¿He?- Le sonrio caminando a su habitación para sacar un par de mantas para Takashi, volviendo y entregandoselas dobladas.

-Sería un problema si te enfermas- Rió, y se separo un paso colocando las manos tras su cuerpo. -Buenas noches- Susurró, sonriendole con naturalidad antes de girarse en su eje y caminar hacia su cuarto, su gato parecía seguir un poco molesto aunque el contrario no le tomara demasiado en cuenta. Juntó la puerta y se deslizó entre las mantas buscando calor. A pesar de que la lluvia era una de las cosas que le gustaban, no podía tolerar el frío... El felino subio y se acomodó a su lado, dandole una suave lamida en el lugar que mordio, a lo que Naoi respondió con una sonrisa y una suave caricia en el pelaje del animal. Cerró despacio los ojos, sin antes quitarse los lentes, tratando de conciliar el sueño.
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Dom Mar 11, 2012 11:32 am




—Tuviste un gran rango de error, de estudiante a profesor…—.

«¿Y qué culpa tengo yo de que te conserves tan bien?» pensó Miura devolviéndole la sonrisa en aquel momento, pensando en el enorme error que había tenido sin apenas haberse dando cuenta. No obstante, parecía ser que aquel joven lo entendía perfectamente y no se había molestado en absoluto con aquella tonta confusión—bueno, alguna vez me tenía que equivocar—. Lo contempló curiosamente, como con ello lograra encontrar alguna huella de su verdadera edad. Sin embargo, no encontró un solo rastro, solo una piel filme y cándida que solo corroboraba que parecía tener la edad que le había estipulado en un principio.

« ¿Alemán?» No pudo evitar el sorprenderse por aquella aclaración, era un tanto extraño el pasar de ser un alumno -como el mayor pensaba- acabara resultando ser un profesor de Alemán. Aun no se lo llegaba a creer al cien por cien, pero tampoco iba a pedirle que le enseñara la identificación—ya decía yo que tu acento no me cuadraba, por que daba por sentado de que americano no eras—. Comentó Miura con suma tranquilidad, tratando de identificar el acento mucho antes de que se lo dijera. Pero no lo comparaba con ninguno. Normalmente el moreno había visitado muchos lugares, mas ahora que era agente del gobierno y por ese simple echo debía viajar continuadamente de un lado a otro. De hecho, en más de una ocasión había tenido que practicar un acento, para pasar desapercibido en alguna misión en cual debía meterse en el papel de un hombre de negocios o un simple camarero, todo valía si al final el trabajo resultaba garantizado de un alto porcentaje de éxito—siempre me llamó mucho la atención la literatura, pero no me veía realmente metiéndome en ese campo. Claro, está que admiro a las personas como tu…—

Sin poder evitarlo a Miura se le vino a la memoria recuerdos del pasado, cuando estudiaba en el orfanato en el que estaba y como conoció allí a muy buenos profesores, especialmente uno. El hombre se hacía llamar Alexander, un profesor de mediana edad que de literatura inglesa y del que se hizo muy bien amigo del joven cuando no le quedaba más remedio que continuar en aquel lugar hasta la mayoría de edad. Gracias a él fue el que termino los estudios y acabó alejándose de los malos vicios, por que de no haberlo hecho ahora mismo no sería agente del gobierno.

Miura alzó una ceja con levedad y no pudo evitar soltar una carcajada—claro que no me llevarían a la cárcel, pero si me pondrían una curiosa multa de la que me arrepentiré. Aparte, seguramente me acabarían quitando algún punto del carnet—. Dijo sin más mientras llevaba una mano a la cabeza y tocaba con las yemas de sus dedos los cabellos, aun húmedos después de haber estado bajo una tormenta. Sabía que aquella noche acabaría durmiendo con la cabeza mojada, lo que esperaba es que no fuera inmediatamente para no cogerse una pulmonía. Luego de volver de sus ensimismamiento sobre ese asunto llevó su mirada hasta el joven que trataba de calcular su edad, no era la primera vez que le echaban como unos tres o cuatros años menor y sabía que tampoco iba a ser la ultima. No obstante, aquel muchacho le superaba en apariencia y de haber querido, podría haber continuado fingiendo que era un ingenuo estudiante—bueno, eso dicen aunque la forma de comportarme tan “formar” hace que muchas personas cuando intentan adivinar mi edad, acaban aceptándola a la primera—. Aclaró Miura con una media sonrisa en su rostro y luego agachó la barbilla mientras entrecerraba los parpados, volviendo a quedarse un tanto pensativo sobre ello. La verdad es que el descubrir que aquel joven no era lo que realmente no era lo había dejando un poco en “Shock”, mostrándose durante unos segundos confundido y desorientado.


—¿Tienes una sandalias de mi talla?—Miura no pudo evitar sorprenderse de ese hecho en si y no fue más que un segundo para devolverle una mirada incrédula. A cada palabra que ese joven soltaba por esos labios, mucho más sorprendido estaba. Lo de la ropa podía llegar a entenderlo, bien por que hubiese pertenecido a algún ex-novio suyo, era una lógica creíble y bastante razonable en realidad. Pero las sandalias, eso si que lo había cogido desprevenido.

Estando ya sentado en el sofá se fijo como cerraba cuidadosamente las cortinas justamente después de haberle comunicado que si tenía frío que lo avisara. La verdad era es que esperaba no tener que llamarlo en mitad de la noche para no molestarlo, ya bastante había hecho dejándolo entrar en su casa y ahora dormir en su sofá, para encima andar incomodándolo como minucias como esas—no te preocupes, con que me prestes la manta estaré bien, no debes preocuparte por mi en ese sentido—. Sonrió sintiendo una leve calidez en el ambiente, como si hubiese aumentado un poco más la temperatura para que no pasase frío alguno en el salón. Seguidamente lo vio marcharse durante unos minutos y luego volvió, con un par de mantas que las dejó encima del sofá donde el mayor andaba sentado aun—soy más duro de lo que te piensas—. Bromeó Miura por lo bajo mientras lo observaba y se mantuvo callado, haciendo un simple movimiento de su cabeza como despedida para aquella noche—buenas noches y que descanses, gracias por todo Naoi—.

Tras verlo perderse en la pared del pasillo se echó hacia atrás en el respaldar del sofá y cerró los ojos, escuchando el continuo goteo de la lluvia en el cristal y en la pared exterior—el venir aquí en moto a sido una verdadera locura, podríamos habernos matado—. Pensó en voz alta dándose cuenta de su irresponsabilidad y como había puesto, de alguna manera, al joven en peligro al subirlo en la moto. Pero era eso, o quedarse en la estación del metro hasta que escampara. Cosa que ahora que daba cuenta de la situación actual y como no dejaba de llover, se alegraba enormemente el haber cogido esa decisión final. De no haberlo hecho, seguramente todavía estarían bajo el techo de la estación esperando a que el tiempo mejorara.

Moviendo su rostro se inclinó hacia delante y echó un rápido vistazo a las mantas, al menos le había dejado un par para que no pasase frío. Con lentitud se levantó y cogiendo la mantas, las estiró a lo largo del sofá. A continuación fue a apagar la luz y dando unos ligeros pasos por el piso a oscuras, se metió bajo las mantas hasta que se acomodó como pudo «No veo nada…» pensó con una media sonrisa en sus labios mientras colocaba sus manos en su vientre y se quedaba mirando el techo, al menos lo que sus ojos lograban captar debido a que aun estaban acostumbrándose al cambio de la luz. Con pesadez cerró los parpados y trató de dormirse en ese reducido espacio, pero no era nada tan fácil en realidad de hacer. Hasta que después de varias horas ya del agotamiento y el aburrimiento acabó llevándolo al terreno del sueño…

—Zzzz…—

[…]

La luz de la mañana daban en las cortinas del departamento del joven, atravesando traviesamente como si de unas pequeñas hadas se trataran y jugaran en molestar al individuo que continuaba descansando en el sofá. Un sencillo movimiento de su rostro y con la ayuda de su brazo, se tapó un poco para que le dejaran durmiendo placidamente en ese sueño de Morfeo.

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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Invitado el Lun Mar 12, 2012 8:40 pm

No había notado demasiado los asuntos respecto a su acento, inconcientemente se toco los labios dandole vueltas al asunto. Su alemán y su Francés eran realmente puros, no tenían ningun índice de ser extrangeros y era cierto. A pesar de no haber vivido el ''La France'' sabía perfectamente que su madre le había enseñado, y que había pasado su infancia en una rotatoria entre esos dos idiomas. Podía hablarlos perfectamente, incluso, su aleman poseía cierto dialecto austro, el único signo absoluto que podía denotar la procedencia de un extranjero.

Se encogio de hombros con suavidad. -No tenía idea que tenía acento- Rio algo avergonzado, pasando su mano por la parte posterior de su cuello. -¿Sueno muy raro?- Preguntó con cierta curiosidad, contemplandole tras sus gafas de marco negro, divagando en su rostro. ¿Le admiraba? Sus ojos aumentaron un poco en tamaño ante la sorpresa. Era razonable, en todo caso, la admiración no era algo que solía escuchar de alguien más hacia el, de hecho, lo mayoría de la gente lo veía como alguien en una escala inferior incluyendo a sus colegas en el trabajo. Como si siguiese siendo alguien que se alimentara de la experiencia, cosa cierta, pero que al mismo tiempo compartía con los demás y ellos parecían no entender.

-No deberías admirar a alguien que no conoces, podría terminar siendo un alcoholico ladron o algo así...- Dijo en broma, relajando la tension de sus facciones con una suave risa. Estaba de más decir que no lo era, fuera del hecho de que su rostro y su actitud estaban bastante lejos de la de una sospecha a ladron, además de ser un blanco fácil entre ellos...

Le contemplo, parecía estar divagando en sus pensamientos tal y como él hacía sin darse cuenta. ¿Que expresión pondría?... Takashi parecía aún conservar los vestigios de la sorpresa que anteriormente le había dado sin querer. Su edad quizás si representaba un problema a pesar de que lo había negado anterior mente. ¿Porqué?... -Ups... Creo que te expuse a una multa, lo siento- Soltó una suave y algo culpable sonrisa, colocando su mano en su oreja izquierda, y jugueteando con los piercings en ella, entre sus delgados dedos, como asegurandose de que seguían allí... No tenía licencia de conducir y poco sabía respecto a ellas. Pero tampoco era tan ignorante como para no darse cuenta de que ''perder un punto'' era algo importante... Habían tenido suerte, o solo eran cosas del destino.

-Creo que sí, pero no se si te sirvan... De todas formas te las dejaré temprano aquí- Respondió a sus palabras, el rostro de takeshi mostraba que al parecer, seguía sorprendido. Lo que le causo una suave risa, ligera como el viento que susurraba tras los vidrios... Recordaba haber comprado unas zapatillas hace tiempo, y bueno, tenían rebaja junto a un regalo que eran exactamente esas sandalias. No le quedaron, y las ocupaba solamente para andar por su casa sin mucho reparo en el hecho de que eran completamente más grandes que su pie... No le encontró la ciencia, y de alguna forma curioseó en que podría haber sorprendido al chico frente a su cuerpo, sin darse cuenta de como escondía esta intensión tras su espontanea sonrisa.

Al entregarle las mantas, notó que su cuerpo tambien estaba reaccionando al frío a pesar de la calefacción. No era nada bueno con eso y lejos de la procedencia o algun tipo de factor exterior, daba por hecho de que Takashi podría ser mucho, muchísimo más resistente como afirmaba con un todo de broma, o algo así. Le escuchó mientras se rodeaba con uno de sus propios brazos, frotando el brazo contrario con sus dedos, juntando ligeramente sus desnudos pies para sonreirle. - No pasa nada, Takashi...Duerme bien - Respondió con una sonrisa, anterior al momento en que se giraba, internandose en su habitación, deslizandose entre las sabanas junto a su mascota en busca de un poco de calorr... No entendía porque solía temblar tanto, era de ese tipo de personas que llegaban a sufrir los ataques del frío incluso algunas veces en verano. Odiaba esa sensación...

Suspiró contra la almohada al mismo tiempo en que el felino se enrollaba cerca de su pecho, ocupando una parte de la cama, que en vez de protestar, Naoi agradeció... A pesar de ser un demonio, ese gato incluso parecía entender lo que le pasaba. Se distrajo acariciando su pelaje, divagando lentamente en sus pensamientos, era extraño tener a un desconocido en casa, porque a pesar de que sonase frío era verdad... Era un extraño, y estaba dejando a un extraño dormir en su hogar. Ninguna persona racional lo hubiese hecho, era sumamente arriesgado, mirandolo desde cualquier perspectiva.

Pero era Takashi, el le había dicho su nombre, y su edad.

...Si que era estúpido. Un día de esto de seguro lo asaltaban o algo así...

Sonrió un poco, ditraído mientras la luz de la luna se colaba entre las cortinas de su ventana. No estaba preocupado para nada, Takashi no era de ese tipo de personas, y no es que fuese porque lo supiera (de hecho no tenía idea), pero algo infundaba que le hacía negar esas crudas posibilidades... Y poco a poco, dando vueltas, se encontró entre los brazos de morfeo, apaciguand su frío entre las mantas y su mascota...

[...]

Sintio la vibracion de su celular contra su mejilla, abrió los ojos somñoliento, alzando la mano para apagar la alarma que indicaba las 7:00 a.m. Volteó el cuerpo y se frotó los ojos, sintiendo un repentino escalofríos que deliveró en un estornudo... Al parecer se había resfriado. Suspiro y se paso una mano por la nariz levantandose pesadamente, colocandose de pie para ir al baño y darse una ducha, lamentablemente, debía trabajar.

Se envolvió el cuerpo en una toalla, y se secó ya dentro de su habitación, vistiendose y aprovechando de tomar las sandalias, dejandolas en el corredor. Miró la hora, estaba denuevo algo atrasado... Rápido, agarró su chaqueta y busco la manera de sacudirse el pelo con la mano, agarrando con la otra su bolso y una manzana posteriormente, hasta que reparó en el hecho de su huesped.
''...''

Volteó el cuerpo y camino hasta el salon, observandole allí dormido. Su expresion era completamente diferente... Como si no cargara con nada...
Se ensimismo unos segundos, acercandose un poco más, hasta notar que el tiempo no se detendría por sus ocurrencias. Retrocedió apresurado y sacó un papel de color para notas, escribió una, y la dejo pegada en la mesa de la cocina, esperando que la leyera...

Se volteó, no sin antes dedicarle una mirada. Abrió la puerta y salió de su departamento para dirigirse al instituto, guardando una ligera esperanza.

''Dejé las sandalias en el corredor, puedes comer lo que quieras. Disculpa por irme tan asi pero tengo que trabajar! ¡Espero que nos volvamos a ver! (: Fue un gusto, gracias por traerme a casa.
Naoi. ''
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Re: Resguardándonos de la lluvia

Mensaje por Miura Takashi el Miér Mar 14, 2012 9:34 am


El sueño que Morfeo le proporcionó fue agradable, todo lo que podía darle aquel oscuro sofá de tela y materiales. No podía ponerse con la espalda resta, como normalmente dormía, por lo que la incomodidad lo embargaba constantemente. Más aun el dormir en un sitio distinto al acostumbrado. Había muchos factores en los cuales llegaba influir de tal modo que comenzó a dar vueltas por el diván hasta que a altas horas de la mañana el sueño y el cansancio hicieron mella en él, llevándolo al terrero de los sueños y las pesadillas, ambos amigos del castaño.

La luz de la mañana le dio de lleno en el rostro y se removió inquieto, girando sobre si mismo para mala suerte que su espalda no encontró apoyo, por lo que acabó cayendo al suelo junto a las mantas que tenía echadas encima—¡Auhs!… —se quedó en el suelo varios segundos mientras se llevaba una de las manos a la cabeza y se la rascaba donde se había pegado el golpe. Luego se apoyó con un brazo en el suelo y se enderezó, quedándose temporalmente sentado en el suelo con las mantas liadas en sus piernas—espero no haberlo asustado—. Pensó Miura echando un rápido vistazo a la sala vacía y luego dirigió su atención a las cortinas corridas, evitando de que la luz entrara. No obstante, los traviesos rayos de la mañana entraran como ladrones sigilosos como si pretendieran robar. Con cuidado agarró las mantas y las echó a un lado, levantándose de inmediato y recogiendo en el proceso la mantas, dejándolas bien dobladas sobre el sofá una encima de la otra.

A Miura le pareció un poco extraño el no ver al joven apareciendo por allí a los pocos minutos de haber caído al suelo, era más que obvio que ruido había producido y que a cualquiera, aunque tuviese un sueño profundo y pesado, lo hubiese despertado. Sin embargo, no sucedió nada, no apareció absolutamente nadie en el salón donde había pasado la noche.

«¿No se ha despertado?» Pensó Miura para sí mismo y pareciéndole aquello bastante chocante, aun así tampoco es que le sorprendiera. Muchos jóvenes solían despertarse tarde y empezar la mañana a una hora tardía, algo que en realidad no iba mucho muy acorde con el mayor, prefería levantarse temprano y aprovechar las horas del alba, para de ese modo tener a media mañana las tareas preparadas y listas. Al mirar al suelo divisó las sandalias y se las colocó, viendo que le quedan perfectas. Con paso ligero se acercó a las cortinas y las corrió, echándolas a un lado para que el salón quedase perfectamente iluminando y listo para usarse si su dueño lo prefería. Abrió la vidriera de cristal y salió al exterior, recogiendo sus ropas ligeramente secas, pero no del todo. Sabía perfectamente que se sentiría bastante incomodo en cuanto se las colocase, por lo que volviendo nuevamente al interior del salón y cerrado la ventana, se cambió de ropas apresuradamente antes de que el otro joven se levantase; no era plan de que lo viese en mitad de su sala desnudo. En menos de dos minutos tenía colocado los boxers secos, los pantalones vaqueros y el jersey negro, lo único que le faltaba era ponerse las botas, cosa que estás estarían empapadas aunque las hubiese dejado a la intemperie. En cuanto estuvo perfectamente vestido echó un rápido vistazo a la sala comprobando de que había dejado todo en su correspondiente lugar, tampoco deseaba incomodar al joven encima de su grañidísima hospitalidad.

«Me despido del joven y me marcho ya» razonó Miura para ser agradecido, así que con paso lento se dirigió hacia la habitación del maestro y llamó, dando unos suaves golpecitos a la puerta. Espero. Pero al ver que no contestaba nadie abrió la puerta encontrándose la alcoba vacía. Luego la volvió a cerrar, pero no antes de dejar que el gato negro saliera para que acampara por la casa a sus anchas «seguramente dejo la puerta cerrada para que el felino no se viniera a la sala» recapacitó mientras miraba en los demás lugares y no encontrándolo, oficialmente en un piso ajeno y solo.

«¿Cuándo se habrá marchado?» no tenía la menor idea, no se había despertado al tener un sueño tan profundo y parecía ser que él menor tampoco lo había avisado. Por ultimo entró en la cocina, cosa que estuviese allí y se dirigió hacia el fregadero, cogiendo de la parte de arriba del mueble un vaso y lo llenó de agua, consumiéndolo de una sola asentada. Aquella mañana estaba muerto de sed. Luego enjuagó el vaso y lo colocó en su correspondiente lugar, cerrando el mueble para dejarlo tal y como estaba. Ya se marchaba. Así planeaba hacerlo pero antes de salir de la cocina no pudo evitar mirar hacia la mesa y se percató de algo, encima de esta había un post-it de notas con algo escrito. En cuanto lo leyó lo entendió de inmediato.

«El trabajo, el deber… »

No pudo evitar sonreír, aunque en realidad le hubiese gustado haberse despedido de él antes de que se fuera. Salió de la cocina y cogiendo su cartera de encima de la mesa, más las llaves de su casa y moto, se dirigió a la puerta abriéndola. Pero antes de que cerrarla se paró, volviendo a entrar en la casa y dirigiéndose hacia la cocina, pero se dio cuenta de que allí no podría escribirle una nota. Retrocedió nuevamente hacia el salón y rebuscó, no fijándose demasiado en los papeles que tenía en el mueble por mera privacidad, no era un cotilla. Cuando encontró un folio limpio y un bolígrafo, le dejó una pequeña nota.

Bueno, muchas gracias por todo y haberme dejado quedarme esta noche en tu casa. Deberías haberme avisado cuando te despertaste y te marcharse, así no me quedaba solo, pero tranquilo que no toque nada -mala broma, lo sé-
E igualmente pienso lo mismo, fue un gusto y espero volver a vernos algún día…
PT: Te dejo mi numero de teléfono apuntado por si quieres que quedemos… 69659343444


Tras haberle dejado la nota en el mismo lugar que lo hizo el joven, salió de la casa sin pensárselo demasiado y cogió su moto, volviendo a su casa para cambiarse de ropa e irse a trabajar, ya que su horario empezaba a las 2:00 del medio día.



[Fin]

Spoiler:
El numero es inventado, aviso xDDDD

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Re: Resguardándonos de la lluvia

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